
Desde hace algunos años los lugares abandonados, tétricos y fantasmagóricos se han convertido en habituales de aficionados a la fotografía y también en escenarios de películas que necesiten un toque de suspense. En Alicante existen varios de estos lugares, y algunos de ellos han ido sufriendo una dejadez tan grande, que en la actualidad se encuentran en total abandono. Hoy rescatamos algunos de estos destinos abandonados, y otros que están aún en uso, para formar esta selección de destinos más terroríficos de Alicante. ¿Te gustaría conocer alguno de ellos?
Les Palmeretes, la casa de los fantasmas
Presentación de sección: rutas malditas
Se trata de una mansión de lujo del siglo XIX que desde hace años se encuentra abandonada y tapiada, y ha sufrido más de diez incendios en los últimos años. Está en muy mal estado y de ella se han contado muchas historias de fantasmas. Todo el que lo conoce coincide en que es un auténtico escenario de terror. Y yo, como no podía ser de otra manera, te voy a contar una de esas historias.


La Finca Palmeretes de San Juan llevaba décadas observando el mundo en silencio. Sus muros ennegrecidos por más de diez incendios parecían suspirar cada noche, como si recordaran tiempos de bailes, risas y promesas eternas. Nadie se atrevía a entrar ya en aquella mansión del siglo XIX, abandonada, tapiada y devorada por el paso del tiempo… nadie, excepto los fantasmas que se negaban a marcharse.
Entre ellos estaba Elena, un espíritu curioso y romántico, que aún conservaba el gesto coqueto con el que había enamorado en vida. A diferencia de las historias aterradoras que se contaban sobre la finca, Elena no hacía crujir las escaleras para asustar, sino para bailar. No apagaba velas, las encendía. Y cuando el viento gemía entre las ventanas rotas, en realidad era ella tarareando canciones antiguas.
Amor y terror en luna llena
Una noche de luna llena, alguien cruzó la verja oxidada. ¡Un visitante vivo!
Y eso, en Palmeretes, era un acontecimiento extraordinario.
El corazón espectral de Elena dio un vuelco. Porque incluso después de la muerte, hay miradas que atraviesan siglos, y amores que no entienden de incendios, ruinas ni fronteras entre mundos.
Tal vez aquella finca, conocida como un auténtico escenario de terror, estaba a punto de convertirse -una vez más- en testigo de una historia de amor imposible… pero inevitable. El hombre se llamaba Lucas y no creía en fantasmas.
O al menos eso se repetía mientras apartaba las ramas secas que ocultaban la entrada a la Finca Palmeretes de San Juan. Era senderista, de esos que buscan caminos olvidados y ruinas con historia, y aquella mansión abandonada llevaba años despertándole una curiosidad que ni los rumores ni los incendios habían conseguido apagar.
El silencio del lugar no era normal. Ni pájaros. Ni insectos. Solo el crujido de la grava bajo sus botas y un olor antiguo, mezcla de humo viejo y flores marchitas.
Cuando cruzó el umbral, la puerta tapiada gimió como si protestara. Lucas sintió un escalofrío recorrerle la espalda y se rió nervioso.
–Solo es una casa vieja… -murmuró.

Desde lo alto de la escalera principal, Elena lo observaba. Hacía décadas que ningún vivo se adentraba tanto. Le llamó la atención su forma de caminar, respetuosa, casi como si pidiera permiso al suelo antes de pisarlo. No era un intruso; era un invitado que no sabía que lo era. Entonces ocurrió. Una ráfaga helada apagó la linterna de Lucas.La oscuridad se cerró sobre él como un susurro.
-¿Hola…? -dijo, tragando saliva.
El eco de su voz no regresó solo. Algo más se movió en la casa: pasos lentos en el piso superior, el leve roce de un vestido que no debería existir. Lucas sintió cómo el miedo se le instalaba en el pecho, esa sensación primitiva que te dice que no estás solo… y que quizá nunca lo estuviste.
Elena bajó un escalón. Y otro. No quería asustarlo, pero la finca tenía sus propias reglas, y Palmeretes siempre cobraba un pequeño precio a quienes se atrevían a entrar. Aun así, cuando él alzó la vista y creyó distinguir una silueta entre la penumbra, no vio horror.
Vio unos ojos tristes. Y extrañamente hermosos. El miedo seguía allí, sí. Pero también algo más profundo…Como si aquella casa en ruinas acabara de reconocer a alguien que llevaba mucho tiempo esperando. La temperatura cayó de golpe.
Lucas pudo ver su propia respiración formar nubes blancas frente a su rostro. La linterna volvió a encenderse sola, pero la luz temblaba, como si dudara también. Los pasos en la escalera se hicieron más claros. Más cercanos.
–No es gracioso… -susurró, aunque sabía que no había nadie más allí.
Las paredes de la Finca Palmeretes de San Juan comenzaron a crujir al unísono, como si la casa despertara de un largo sueño. Un retrato ennegrecido por el humo giró lentamente sobre sí mismo, cayendo al suelo con un golpe seco. Lucas dio un salto hacia atrás, el corazón desbocado. Entonces la vio.
Una figura pálida apareció al final del pasillo. Su vestido flotaba sin tocar el suelo y su rostro, hermoso y triste, parecía iluminar la oscuridad. Lucas quiso gritar, pero la voz se le quedó atrapada en la garganta. Sus piernas no respondían.

Elena se detuvo a pocos metros. No avanzó más. Quiso decirle que se marchara. Que aquel lugar no era para los vivos. Pero las palabras de los muertos nunca suenan como deberían. La casa interpretó su deseo a su manera. Las puertas se cerraron de golpe. Las ventanas comenzaron a golpear desde dentro. Un lamento antiguo, nacido de incendios y abandono, llenó cada rincón de la mansión.
Lucas cayó de rodillas, temblando, cubriéndose la cabeza mientras el miedo le devoraba la razón. Sintió manos invisibles rozarle los hombros, un aliento helado en la nuca, y supo -con una certeza brutal- que estaba rodeado.
Cuando por fin la puerta principal se abrió de golpe, Lucas no lo pensó dos veces. Salió corriendo, tropezando, sin mirar atrás, con el pánico empujándolo fuera de la finca. No se detuvo hasta perder la mansión de vista.

Desde una ventana rota, Elena lo observó desaparecer entre los árboles. La casa volvió a quedar en silencio. Palmeretes había hecho lo que siempre hacía: recordar a los vivos que no todos los lugares olvidados desean ser encontrados.
Y desde aquella noche, Lucas evita los senderos que pasan cerca de la finca. Porque a veces, cuando el viento sopla en la dirección correcta, jura escuchar una voz suave llamándolo por su nombre.
¿Te atreves a ir a visitar este lugar encantado?


Estupendamente narrado que me ha hecho sentir el cambio de lo paranormal a lo normal como el amor, sea de la clase que sea.
Gran escritura.
Muchas gracias por tu comentario M. José. Espero que las próximas historias te gusten también 😊