
Cerramos la temporada y me despido en mi nombre hasta la temporada que viene y en nombre de mi hermano hasta la vista, pero no por ese orden.

Despedida de Rafa Amorós
Mi hermano me conoce desde que nací; yo en cambio a él, que nació tres años antes que yo, nunca he acabado de conocerlo. Va siempre por delante marcando el camino, a veces con tropiezos sangrantes, como ejemplificando lo que no se debe hacer.
Rafa es un tío con talento, juntos hemos hecho grandes cosas, desde los tiempos de nuestras tiras cómicas en el Tossal (vale, yo sólo hacía el entintado y maquetación, el artista era él). Ha escrito novelas y un libro de relatos, ha pintado numerosos cuadros. Escribe y pinta con talento, lo que no me da ninguna envidia, sino que me produce orgullo.
No hay genética aquí, como demuestra la vida y muerte gris de nuestro hermano mayor. Es una cuestión personal, de haberse dado un golpe de más o de menos, de haber vivido experiencias diferentes, de haber soñado sueños distintos.
Mi hermano es socio fundador de MARINA HISTÓRICA. Yo llegué más tarde y me encargo de las actividades de la Asociación a las que mi hermano lleva tiempo sin asistir.
Yo apenas escribo, salvo escritos forenses, aunque me dicen que no lo hago mal, pero, de pintar, sólo pinto miniaturas para mis juegos de rol.
Escribimos por razones distintas, aunque algunas veces queremos escribir de lo mismo, pero las perspectivas y las capacidades son otras. Él ha decidido seguir otra senda y me toca despedirle de sus voraces lectores que podrán seguir su vida literaria y divulgadora en otros foros (o quizás de vuelta aquí, nunca se sabe). En nombre de Rafa, les doy las gracias a todos. Y se trata de un agradecimiento muy cálido, porque mi hermano vive lo que escribe y adora que alguien pueda apreciarlo, de hecho él siente la mirada de sus lectores sobre sus textos como una cálida caricia en la piel.
Despedida de Juan Francisco Moreno Amorós
Yo soy de otra manera, más escéptico, un poco misántropo, desencantado con esta humanidad que nos incluye y nos agobia. Ni busco ni merezco el aplauso de nadie. No doy a los lectores ni la mitad de lo que podría; soy un perezoso indolente a la hora de escribir. Cuando me enfrento a la pantalla en blanco no pienso ¿qué voy a escribir?, sino ¿para que me molesto en escribir? Ello no significa que no valore y dé las gracias a todos los avisados lectores por su atención y paciencia, y algún amable comentario que de vez en cuando me han hecho llegar, y desee haber insuflado algo de emoción, conocimiento y deseos de exploración a todos ellos.
Ellos son dueños del provecho o falta del mismo que mis escritos hayan tenido. Y me parece muy bien. Como dos jovencitos que se entregaron su amor en el instituto, que ahora cierra por vacaciones, y que saben que no se verán en una temporada, sólo puedo decirles que les mando mil besos, que a mi manera torpe los quiero, que con mi impasibilidad a ellos me entrego y que nos vemos… en Septiembre.
Grande Hermano. Muchas gracias