

Ted Hughes y Sylvia Plath contrajeron matrimonio el 19 de junio de 1956, pocos meses después de conocerse, e iniciaron una luna de miel que les condujo a visitar ciudades como París, Madrid, Alicante y al pueblo de Benidorm, donde llegaron en la Unión de Benissa. En el autobús conocieron a la viuda de Mangada, que ocupaba el asiento delantero y quien no se anduvo con titubeos a la hora de girar la cabeza y ofrecerles alojamiento en su maravillosa casa junto al mar. Un personaje digno de la poeta y escritora quien, al cabo de una, pedirá a su marido que la libere de esa mujer. Esta semana les propongo un viaje al Benidorm que encandiló a una de las escritoras más influyentes del siglo XX, Sylvia Plath quien, sin saberlo y muy a su pesar, perpetuó a la mujer que tanto rechazo le provocaba. Todo está recogido en los cuadernos de Plath. Una historia desconocida que le atrapará desde el principio. ¡Pasen y lean !
En julio de 1956 una atractiva pareja de jóvenes poetas llegaba a Benidorm para disfrutar del último tramo de su luna de su miel de la mejor forma que sabían hacerlo: escribiendo y amando. Antes habían visitado ciudades como París, Madrid y Alicante, pero apenas pisaron el pequeño pueblo marinero, supieron que “ese era nuestro lugar.”
Todavía no habían bajado del autobús cuando la mujer del asiento delantero al suyo se giraba y exclamaba: “¡Ah! ¡Son escritores! La viuda de Mangada se puso efusiva. También soy escritora. Cuentos. Poemas. Muchos poemas. La viuda se vino abajo entonces, abatiendo los párpados de sombra azul. Por ser ustedes, dijo enfatizando las palabras, no cobraré el servicio. Pero comprendan…, Levantó la mirada rápidamente, que no se lo deben decir a nadie (…). Los trataré como a mis propios hijos”, escribe Sylvia Plath en el relato “Aquella viuda Mangada”.

“Conocimos a la viuda Mangada un miércoles por la mañana en el autobús caliente, abarrotado, que iba dando tumbos por las carreteras cubiertas de polvo del desierto entre Alicante y Benidorm. Nos oyó exclamar ante el asombro que nos produjo contemplar la bahía azul y se dio la vuelta en el asiento de delante, para preguntar si hablábamos francés. Un poco dijimos, ante lo cual rompió a describir efusivamente su maravillosa casa junto al mar con jardín y terraza en el balcón, y derecho a cocina,” relata la escritora en La caja de los deseos.
*Pero: ¿quién es la ‘viuda Mangada’ ?
Según describe la propia Plath la viuda: “Era una mujer pequeña, oscura, de mediana edad, vestida con elegancia con encaje blanco de punto sobre una combinación negra, sandalias blancas de tacón, muy comme il faut (apropiado); llevaba el pelo negro como el carbón con múltiples ondas y rizos, los enormes ojos negros estaban subrayados por la sombra de ojos azul y dos sorprendentes cejas negras dibujadas rectas e inclinadas, hacia arriba desde el puente de la nariz a las sienes”.
Pero ¿Quién era la ‘viuda Mangada’, a la que Sylvia Plath dedica un relato, incluido en uno de sus libros más famosos? Eduardo Mangada Samain, nieto o nietastro de la viuda de Mangada, admite que la descripción de la escritora norteamericana, es bastante acertada. “El empaste azul que se ponía en los ojos era increíble. Ella en sí era bastante estrafalaria y en otros aspectos, una mujer valiente. Pero para mi padre y para mi tío no fue una buena madre. Ni mucho menos. Y eso que eran los hijos de su hermana.”

Sus recuerdos confirman que la viuda era un personaje digno de Plath. “A menudo, los personajes excéntricos se encuentran y se atraen entre sí. Ese podría ser el caso de la viuda y la famosa poeta, ambas extravagantes para sus tiempos, sin que el término se entienda como un insulto a mujeres notables en sus caracteres.”
La ‘viuda Mangada’, que en 1956 alquiló su una habitación de su chalé de Benidorm a Plath y Hughes, no sabía que este alquiler le supondría pasar a la posteridad al convertirse en uno de los personajes que la escritora menciona en sus Diarios de Benidorm. Era la segunda esposa del reconocido médico alicantino Eduardo Mangada. Enriqueta se casó con el marido de su hermana Rosa, cuando ésta falleció, por lo que fue tía y madrastra de los dos niños que dejó su hermana. Tuvo un hijo, Enrique, que murió joven.
“Sobre la famosa escritora, -Mangada Samain señala-, “hay bastante consenso en que hoy hubiera sido diagnosticada como bipolar y quizá no se hubiera suicidado a los 30 años; mientras que Enriqueta, fue una mujer posesiva, a veces dura y cruel con los suyos.”
El respetado doctor Mangada, tenía un amigo, Doménech, de Alcoy, con el que se escapaba a pescar con caña al mar. Su lugar preferido, allá por los años 20 del siglo XX, era Benidorm éste todavía era un pequeño pueblo de marinos. “Con el tiempo, lo que fue una casita para guardar los enseres e incluso dormir un sábado, terminó convertido en un chalé en primera línea de playa, mucho antes de que comenzara el boom del turismo.”
“La casa, con una terraza cubierta de vid en el piso superior, estaba metida en un palmar. Macizos de geranios y margaritas blancas ardían como hogueras en el jardín; cactus llenos de pinchos flanqueaban el camino de losas. Sin dejar de parlotear sobre la belleza natural, la viuda los llevó a la parte de atrás a la pareja, para enseñarles el cenador emparrado, su higuera cargada de frutos verdes y las espléndidas vistas con las colinas moradas al fondo, suspendidas en un telón de la bruma”, escribe Plath en el relato “Aquella viuda Mangada”.

“Cuando muere mi abuelo, Enriqueta de la Hoz hereda todo. Se quedan con ella mi padre y mi tío Adolfo. Los hermanos se llevaban bien, pero doña Enriqueta fue siempre un obstáculo para que las relaciones de mi padre y sus hermanos fueran buenas con mi abuelo. Según cuenta la gente que los conoció era una señora obsesiva. Quería apropiarse de su marido, incluso apartando a los hijos de las relaciones familiares. Era ese el recuerdo complicado que mi padre tenía de su madrastra, nada apetitoso”, rememora De la Hoz.
Como al padre de Eduardo, a Sylvia la viuda se le fue apareciendo como un personaje peligroso, a medida que pasaban los primeros días en su casa: “La viuda desapareció en la cocina con una falsa sonrisa deslumbrante, que Sally sintió después de que se marchara, mientras preparaba la comida, inquietante como la sonrisa del gato de Cheshire”.
Pese a todo, los Mangada-De la Hoz eran una familia de la progresía, con ideas avanzadas, que después de la Guerra Civil les costaría el exilio interior y exterior. Aunque el padre del arquitecto Mangada no guardará buenos recuerdos de su madrastra.
Su nieto desvela: “Hay dos viudas Mangada. Rosa, mi abuela de verdad, y luego Enriqueta, su hermana y segunda mujer de mi abuelo. Eduardo Mangada médico es mi abuelo; Eduardo Mangada médico es mi padre; y Eduardo Mangada arquitecto soy yo. Mi abuelo era un buen médico, un médico bastante famoso que estuvo en Valencia con la cátedra de Juan Bautista Peset.”
Al morir el abuelo del Mangada arquitecto, “mi abuelastra se queda con dos niños pequeños: mi padre, el mayor, tendría seis o siete años, entonces, recordaba a esta señora como un auténtico martirio. Casi sádica, le hacía tirabuzones con unas tenacillas de las de aquellos tiempos. Luego les vestía de punto en blanco y les mandaba a la playa, pero ojo con venir manchados de arena. Mi padre nunca tuvo un buen recuerdo de su madrastra.”
Acabada la guerra, Adolfo Mangada, el tío de este Eduardo que cuenta la historia, coge a su madrastra y ambos embarcan en el Stanbrook, el último barco en el que embarcan los últimos defensores del bando republicano que parte desde Alicante con destino a Argel.
“En Algeciras la abuela Enriqueta creó una academia de francés. Se codeaba con las familias bien de allí. Escribía versos, daba clases… En este sentido fue una mujer de valía para aquellos tiempos.” Según atestigua su nieto, “mi tío Adolfo se la había quitado de encima en Algeciras, porque por lo visto se echaba amantes, cantantes, se metía en las familias.”
A principios de los años 50, la viuda regresa a España, recupera el chalé de Benidorm y se asienta de nuevo en Alicante. “Todo gracias a la ayuda que le prestó alcalde de la ciudad, Adolfo Rincón de Arellano, que había sido discípulo de su marido, Eduardo Mangada, íntimo amigo de su hijo Eduardo y compañero de carrera de su hijo Adolfo,” narra su nietastro.

Doña Enriqueta recupera también algunas acciones de los tiempos de la República, logra alquilar su casa de Alicante y atisba el negocio. Decide ella, a su vez, alquilar el chalé de Benidorm. Han empezado a llegar los turistas. Es en una de esas idas y venidas del verano de 1956, cuando en el autobús de línea de la compañía La Unión de Benisa, entre Alicante y Benidorm, se topa con Sylvia Plath y Ted Hughes. Son jóvenes, extranjeros, pobres y guapísimos, pero lo de pobres la viuda no lo detecta a las primeras de cambio.
Como cuenta su nieto, Enriqueta lo había pasado fatal en los años de la posguerra, aunque lograra escapar a Algeciras. Ella había tenido chófer y criadas hasta que estalló la guerra. A los Hughes les contó que tenía estudios universitarios y amistades aristocráticas. En fin, tanto les impacta el perfil de la viuda que la poeta cuenta en La caja de los deseos: “A pesar de la pasión de la señora para que ‘la casa estuviera en condiciones’, ésta fregaba los platos grasientos en agua fría estancada, a menudo más sucia que los propios platos, frotándolos con manojos de pajas desgastados”, escribe la norteamericana. No conocía la palabra estropajo o no existía su equivalente en inglés.
Más adelante, en los mismos apuntes del 15 de julio, siempre según Hughes (no hay que olvidar que cuadernos, diarios y cartas habían sido tutelados y expurgados por el marido de la poeta), Sylvia escribe lo que 67 años después de aquel verano, el nieto de la viuda Mangada confirma: “doña Enriqueta venía de otro ambiente.”
“Empezamos a darnos cuenta de que la señora estaba acostumbrada a un estilo de vida mucho más lujoso que sus actuales circunstancias. Cada tarde, iba al pueblo para encontrar una chica que limpiara la casa; la chiquita que estaba fregando los suelos el día que llegamos no volvió a aparecer,” -y describe-, “La segunda mañana, bajé a hacer el café, encontré a la señora con un albornoz manchado, las cejas sin pintar aún, fregando los suelos de piedra con una fregona mojada. No estoy acostumbrada a hacer estas labores. Estoy acostumbrada a tener tres chicas: cocinera, limpiadora… Tres chicas. No trabajo cuando está abierta la puerta principal, me puede ver cualquiera. Pero, cuando está cerrada: “se encogió de hombros, abarcó todo con un gesto de las manos; lo hago todo.”
Sylvia y Enriqueta, dos mujeres en dos mundos bien diferentes, con una diferencia de edad de más de tres décadas. La escritora no la aguantó ni una semana, la presencia de la viuda le causaba un hondo desasosiego. Una tarde entró llorando en la habitación y le pidió a Ted que la librara de esa mujer.
La viuda de Manguada falleció bien entrada la década de 1970 y hasta allí llega el recuerdo de su nietastro.
**La huella que dejó Sylvia Plath en Benidorm
Mientras componía los versos de los poemas: “Las remendadoras de redes”, “Los mendigos” o “Los melones de fiesta”, todos inspirados en lo que veía a su alrededor, Plath convertía en ilustraciones las escenas cotidianas de aquel pueblecito todavía asilvestrado. Según puede leerse en una de sus cartas: “Deambulé con Ted haciendo bocetos detallados con pluma y tinta, mientras él leía, escribía o meditaba sin más, sentado a mi lado. Espera a ver estos pocos de Benidorm; los mejores que he hecho en toda mi vida, líneas y sombreados muy marcados y refinados.” Aquellas cinco semanas marcaron el resto de la vida de la poeta. Fueron, dicen los expertos, los días más felices de su corta existencia.”

Tras la huida del chalé de la viuda de Manguada, la pareja alquila una casa en la calle Tomás Ortuño 59. Son dos poetas de primera, ella ahora famosísima: Sylvia Plath, él también, Ted Hugues. Dos enamorados con ínfulas literarias. El hoy doctor y profesor jubilado en Filología Catalana, sabio en los topónimos valencianos, Pasqual Almiñana sigue viviendo en la misma casa, al lado de la que ocuparon Sylvia y Ted, en el barrio del Calvari las últimas semanas de julio y parte de agosto de 1956.
En aquella época, el niño Pasqual contaba con tres o cuatro años, pero no fue hasta principios de este siglo cuando el filólogo se dedique a investigar los pasos que Sylvia Plath había dejado en Benidorm. “Un día me topé con un amigo y le pregunté qué estaba leyendo. Me contó que iba sobre una poeta que había estado aquí. Me entró la curiosidad y comencé a investigar. Da cierto reparo decirlo, pero la verdad es que entrabas en una librería y no sabían quién era Plath.”
La curiosidad que levantó en el profesor la figura y la obra de la gran poeta norteamericana, le llevaron a explorar minuciosamente el complejo y zigzagueante universo que la envolvía. Tras ese exhaustivo análisis, Almiñana publica, en el verano de 2011 el ensayo: “Cuando Sylvia Plath vino a Benidorm”, en »Sarrià, la revista de investigación y ensayo de la Marina Baixa», bajo el epígrafe: “Resumen del trayecto que llevaron a cabo Sylvia Plath y Ted Hughes en su luna de miel por Benidorm el año 1956”.
De las diez semanas que la pareja iba a pasar en Benidorm, al final se quedaron sólo cinco. “Suficientes para dejar huella en sus poemas, detalles de su relación conflictiva con Hugues y poner a Benidorm en el mapa de un universo literario y vanguardista, muy alejado del aluvión turístico de los años 60,” subraya en el citado ensayo Almiñana.

Sylvia Plath es considerada una de las poetisas capitales de la literatura norteamericana del siglo XX, por lo que el objeto de estudio del filólogo se centra en el tiempo que la escritora pasó en Benidorm y “en el contexto geográfico de nuestro.”
La obra poética de Sylvia Plath, según el ensayo, se puede dividir en tres épocas: “1956-1960, años de aprendizaje y dominio de la técnica en los que incluimos los poemas escritos a Benidorm; 1960-1961, época de transición; y, 1962-1963, cuando la poeta encuentra finalmente su propio estilo.
“La estafa literaria de Ted Hughes”
En su ensayo el profesor pone de manifiesto lo que es un secreto a voces: “La característica del Diario, al ser editado y manipulado por Ted Hughes nos priva sustancialmente de una gran parte de lo que Plath escribió sobre Benidorm,” -y subraya-, “podríamos calificar de estafa literaria del exmarido no publicar los diarios completos pero lo calificaremos como circunstancias personales que se lo imposibilitaron. Desgraciadamente, los recortes de Hughes nos privan de tener la visión directa y total de Sylvia Plath sobre Benidorm.”
En este punto es del todo necesario precisar que, la manipulación que el exmarido realizó en los diarios de Plath, no sólo nos ha privado a los benidormenses de tener una visión más completa de lo supuso para la escritora norteamericana su estancia en nuestro pueblo; sino que, a nivel global, alentó un movimiento contra el propio Hughes, que acarrearía durante toda su vida. A pesar de ello, continuó publicando libros de su ex mujer (de cuyo legado literario era el único benefactor), lo que le proporcionó pingües beneficios.
La versión más extendida es que Sylvia no soportaba el abandono de Ted por otra mujer. Algún amigo sostiene que la poeta pensó que iba a ser un intento de suicidio más en su vida. Da igual. Plath, que se suicidó en 1963, con tan sólo 30 años, y se convirtió en una de las escritoras más influyentes del siglo XX.
Los recortes de Ted Hughes son tan sustanciales que si los circunscribimos a la estancia de la pareja en Benidorm se pueden evidenciar haciéndonos una simple pregunta: ¿ Por qué eligieron los recién casados a este pueblo, todavía estaba casi virgen, para pasar las últimas semanas de su luna de miel ? No hay respuesta.

Así lo constata el profesor Almiñana: “La escasez de referencias concretas que aparecen en libro Diario desde Benidorm, nos lleva a mirar con lupa el texto y trazar, en lo posible, las fechas, el itinerario y los datos que Sylvia Plath escribe desde su llegada a Benidorm. Efectivamente, en algunos momentos, más que exponer un texto, para la autora parece una obsesión por descubrir las personas y los lugares que conoció. Algunas preguntas cómo: ¿Por qué vienen en Benidorm? ¿Cómo es que conocían un pueblo como el nuestro, quién los informó de su existencia? ¿Quién tomó la decisión de venir? Quedan sin respuesta en esta edición que utilizamos.”
“Por ello, deducimos que es imposible que una persona con la sensibilidad poética y dotes de observación como Sylvia Plath, en el Benidorm de 1956, no escribiera todas y cada una de las experiencias que vivió, tanto desde el punto de vista de las relaciones humanas como de las sensaciones que le produciría el paisaje. El contraste de una universitaria bostoniana en el Benidorm de 1956 le debería de causar sino una gran impresión, sí una gran curiosidad, que su exmarido nos privó, al publicar sólo algunas de estas anotaciones,” precisa en la misma línea Almiñana.
Pero nos tenemos que conformar porque son tan escasos los personajes destacados de las ciencias, las letras y de las artes que han visitado Benidorm y que han dejado la experiencia escrita que no podemos pasar por alto a esta autora de reconocida valía en el mundo de la literatura.
Diario desde Benidorm
Sylvia Plath empieza a escribir Diario desde Benidorm sin especificar el día, solo aparece el nombre de Benidorm como título.
El 23 de julio es la primera fecha explícita en la segunda anotación en el »Diario», no habrá más fechas. En conclusión, afirma en su ensayo Almiñana, “no es posible acotar los días que el matrimonio estuvo en Benidorm.”
Por otro lado, en su ensayo el profesor adelanta que en las cartas que la escritora manda a su madre, que no pasan por las tijeras de Ted Hughes, se puede apreciar algún detalle más, pero poco más. “Por tanto no sabemos qué día llegó a Benidorm ni tampoco cuando se marcha. Cuando el matrimonio alquila la segunda casa, dicen que se alojará en ella las próximas diez semanas, o sea dos meses y medio: julio, agosto y parte de septiembre, serán meses muy productivos para el matrimonio. En las cartas que escribe a su madre precisa más las fechas. Desde esta nueva casa, explica, que han estado dos días para recuperarse de la semana que han pasado en casa de la viuda Mangada.” En esta carta aparece, por primera vez, el personaje que tanto rechazo suscitó en la escritora, que no ahorrará en calificativos peyorativos en las descripciones que realiza de la viuda Mangada.
Cuando Sylvia Plath empieza a escribir el “Diario”, lo hace desde la nueva casa que alquilan en Tomás Ortuño, junto a la de la familia Almiñana. En ese momento, la escritora muestra una gran satisfacción por el cambio de vivienda: “Estamos encantados con la nueva casa, las vistas se magnifican. No dejamos de maravillarnos de haberla alquilado para el verano por el mismo precio que la viuda Mangada nos cobraba…” -y añade-, “en la anterior los había alojado en una pequeña habitación con derecho a cocina.”

Para Sylvia Plath la terraza del chalé de la viuda “resultó ser la característica más desagradable del lugar … a partir de las diez de la mañana, yo era más consciente de las miradas que se dirigían a mí que de la máquina de escribir que tenía delante…”
Sin embargo, Almiñana matiza: “No me puedo imaginar, el verano de 1956, una multitud de gente mirando hacia el chalé desde el paseo de la playa de Levante. Claro que todo es una cuestión de apreciación y, por lo tanto, relativa. Es evidente que la poeta vino con su marido a pasar la luna de miel pero también a escribir y estudiar en silencio, tranquilos.”
En la nueva casa: “…la paz se completa…Disfrutamos de una tranquilidad absoluta…Todo marcha estupendamente en este nuevo lugar. Estoy convencida que va a ser la fuente, durante las próximas diez semanas, de un vivir y escribir plenos de creatividad…”
Plath continúa su diario anotando lo que a ella siempre le preocupaba como era lo de escribir y anota: “Sin duda romper esta semana el maleficio que pesa sobre los relatos que quiero escribir: el cuento sobre la corrida y quizá uno sobre la viuda Mangada (¡en tono de comedia!), junto con capítulos de mi nueva novela que llamaré Trabajos para Harper’s, y también un artículo con apuntes a lápiz, sobre Benidorm, para “The Christian Science Monitor”. Tengo que aprender español y traducir además del francés.”
Pasqual Almiña precisa: “El matrimonio buscaba tranquilidad y silencio para escribir. Hay que recordar que el marido, Ted Hughes, también era escritor. La casa que ahora habitan y Benidorm les brindaban las condiciones necesarias para trabajar como ella quería.”
Existen más descripciones de Benidorm en recogidas en el »Diario”, en las que Almiñana insiste “hay que entender como material de reflexión constante de la escritora, con descripciones y metáforas propias de su talante introspectivo, conclusiones a las que se puede llegar pese a carecer de pasajes que el exmarido no tuvo a bien publicar.”
Es sorprendente, a la vez que ilustrativo, leer el ensayo del profesor, en el que queda patente la carencia de estímulos que ejercía el entorno natural que rodea a Benidorm sobre la escritora. “Da igual que fuera la playa de Levante como la de Poniente. Esta es una evidencia clara de que Ted Hughes cortó por donde le pareció. Es imposible que a Sylvia Plath no le motivara ningún sentimiento la experiencia de ir a la playa a bañarse o que el sol le quemara mucho o que la arena estuviera muy caliente, que era muy fina y blanca.”

Es imposible que Sylvia Plath, “no diga nada de cuando sale a pasear por el pueblo y no describa lo que vieron o si hicieron alguna excursión por la comarca o alguna anécdota o algún motivo que la atrajera, como por ejemplo el porqué de dibujar el mercado,” enfatiza Almiñana.
Las referencias a Benidorm del verano de 1956 son las de una turista americana que busca el sol del Mediterráneo y que vive en su mundo poético. Pero si el “exmarido no hubiera destruido parte de sus últimos diarios”, posiblemente llegaríamos a la conclusión que Sylvia Plath fue una turista norteamericana que nos vio desde la óptica objetiva de una poeta.”
Cartas a su madre
Las respuestas a esta serie de apreciaciones o interrogantes que expone Almiñana en su ensayo quedan, en parte, más difuminadas en las cartas que la escritora envía a su madre.
Aurelia Schober, la madre de Sylvia Plath, se encargó de recopilar las cartas que su hija le escribió a ella y a su hijo y que publicó con el título Letter’s Mon (1950-1963), en 1975.
“La primera carta que escribe Sylvia Plath a su madre desde Benidorm es del 14 de julio de 1956, la segunda del 25 y la tercera y última, del 2 de agosto del mismo año,” enumera Almiñana.
“En la primera carta le cuenta a su madre lo que le ha pasado en los dos últimos días como si se tratar de un cuento de hadas. Es decir, el 12 de julio. Si bien el 7 de julio escribe desde Madrid, es factible que Sylvia Plath llegara a Benidorm el mismo 12 de julio de 1956. Pero no sabremos cuando se fue porque su última carta desde Benidorm es del 2 de agosto y la siguiente del 2 de septiembre desde Inglaterra.”
En estos textos: “La idea de venir a Benidorm no se concreta pero en la carta del 29 de octubre de 1955 sí dice que sueña con el Mediterráneo (el sol) y dos días después de casarse escribe a su hermano y le dice que pasarán el verano en España, que tenían pensado alojarse en una caseta junto al mar para escribir y aprender castellano. En esta misma carta, también le comunica que al marido le ha salido trabajo de profesor de inglés para el próximo año en España.”
Sylvia Plath queda impresionada de Benidorm
Almiñana asegura que si comparamos los textos que recoge el »Diario» con las cartas que Plath envía a su madre “encontramos a la mujer próxima a la realidad en la que vive y que explica a su madre lo que quiere que sepa, por lo tanto, es un texto más próximo a un diario de viaje, con anotaciones muy concretas, lo que no es lógico es que no aparezcan escritas en su diario.”
No hay duda de que Sylvia Plath se quedó impresionada por Benidorm cuando le pide a su madre que venga. La poeta estaba exultante aquí y quería compartir con su madre el paisaje y el bienestar que le proporcionaba el pueblo.

El 25 de julio escribe a su madre de nuevo y le dice: ¡Si hubiésemos sabido de antemano a qué lugar íbamos a vivir! Me encantaría que pudieras vernos ahora… ¡Cómo explicarte lo maravilloso que es todo aquí! Y describe, como es natural, que van al mercado -en la plaza- y se maravilla de todo lo que se vende. Más adelante, explica: “Entonces preparo el almuerzo y nos vamos dos horas a la playa a dormir la siesta y a nadar, cuando toda la gente se ha ido ya a sus casas, y tenemos la playa para nosotros solos…”
El 2 de septiembre escribe a su madre ya desde Yorkshire, (Inglaterra).

En cualquier caso, para Pasqual Almiñana, Sylvia Plath continúa maravillosamente bien en Benidorm y no le faltan calificativos para describir su vida de pareja. La propia escritora calificaría su estancia en Benidorm como: “Los mejores días de mi vida.”
Legado literario
Siete años después, el 11 de febrero de 1963, con 30 años de edad, Plath se quitó la vida en su casa londinense. Dejaba dos hijos y una obra escueta pero muy potente y personal. Su temprana y trágica muerte la envolvió en un aura de fascinación morbosa y malditismo que sus biógrafos más serios se encargan de disipar.
Sylvia Plath (1932-1963), una de las figuras literarias más influyentes del siglo XX, es conocida por su poesía y su prosa reflexiva. En su obra maestra y Premio Pulitzer, Ariel, publicada tras su muerte en 1965, exploró temas de identidad, feminismo y la complejidad de las relaciones humanas.
* Información basada en la entrevista que Eduardo Mangada Samain, nieto de Enriqueta de la Hoz, concedió a la periodista Ana R. Cañil, publicada por elDiario.es, el 13 noviembre de 2023.
** Cuando Sylvia Plath vino a Benidorm, ensayo publicado por el doctor en Filologia Catalana, Pasqual Almiñana Orozco, en »Sarrià, la revista de investigación y ensayo de la Marina Baixa,» en el verano de 2011. Resumen: Trayecto que llevaron a término Sylvia Plath y Ted Hughes en su luna de miel en Benidorm el año 1956.
Un poco largo, pero interesante
Muchísimas gracias Pilar por tus palabras. Cierto que es largo pero la historia me apasionó desde un principio, disponía de mucha información e igual no gestioné bien una mayor precisión y brevedad en el desarrollo del reportaje. Cuando redacto una historia o me centro en la figura de un personaje, mi objetivo principal siempre es el mismo: ofrecer a las y los lectores el encuadre detallado de las sub tramas que rodean al personaje o tema principal del reportaje y aportar la mayor veracidad al mismos. Pero tendré tu consejo en cuenta para próximas ocasiones.