

CUARTETAS
Suena un grito lacerante.
«¡Depredador, asesino!»
Yo soy sin duda el causante
de este aberrante destino.
La Madre Tierra agoniza
de una forma lastimera,
por mi locura enfermiza
que ni la mira siquiera.
El frío y la indiferencia
con su modo destructor
han matado mi conciencia,
soy cual cenit del horror.
Mi escrupulosa moral
ya fue por el mal vencida,
y en un negro lodazal
mi alma se ve consumida.
Hasta el propio Satanás
todas la puertas me ha cerrado,
no me admitirá jamás
y me tiene sentenciado.
Lágrimas rojas, de muerte
me llueven madre de ti,
he escrito mi letal suerte
y lloras también por mí.
Es desastroso el ultraje
que de forma vejatoria
llevamos como equipaje
ensuciando nuestra historia.
Nos borraremos de aquí.
¿Nacerá nuevo planeta?
Ojalá fuese que sí.
Que otro Dios se comprometa.