

José Zaragoza Pérez, más conocido como Pep ‘el Carreró’, sintió un hondo flechazo con sólo contemplar a la que, en apenas un año, se convertiría en su futura mujer: Lina Galdón. La pareja apenas tuvo dos meses para conocerse, pues el de Benidorm ponía rumbo a la almadraba de Arcila, en la costa atlántica de Marruecos. El almadrabero escribía, casi a diario, una carta a Lina en la que fue anidando un sentimiento, cada vez, más profundo por conocer a la persona que era capaz de expresar su amor sobre un papel y con palabras tan bien escogidas. Su mujer y la literatura fueron las dos grandes pasiones de Pep ‘el Carreró’, a quien la vida no se lo puso fácil. ¿Quieren conocer más sobre la historia de los personajes de esta semana? Pasen y lean
Josep Zaragoza Pérez (Benidorm, 1920 – 1998), más conocido como Pep ‘el Carreró’,y Lina Galdón Ortiz (Jaén, 1940), procedían de dos mundos muy diferentes y entre ellos había una diferencia de edad de casi 20 años: Sin embargo, nada fue obstáculo para que el amor arraigara en fuerte en la pareja, que apenas tuvo tiempo de noviazgo.
Venían de mundos diferentes pero la casualidad entrelazó sus vidas en un determinado punto de La Vila.Lina, que por aquel entonces vivía en Alicante con una tía de su padre y trabajaba en una zapatería, visitaba una vez por semana, visitaba a su progenitor, afincado en La Vila Joiosa, donde estaba contratado de camionero en las obras que se estaban llevando a cabo en la construcción del Pantano Amadorio. En una de esas visitas, Pep vio por primera vez a Lina, en el andén del ‘trenet‘, y pensó: ¡Qué mujer más guapa!
El padre de Lina, viudo y casado en segundas nupcias, quería que su hija se trasladara a La Vila a vivir con su esposa y con él, a lo que la joven se negaba porque, dice, “en Alicante estaba muy bien.” Sin embargo, el padre se enteró de que, en esos momentos, estaban haciendo pruebas en la oficina de Telefónica de Villajoyosa para contratar más personal y Lina, más por darle un capricho a su padre que por creer que la iban a seleccionar, se presentó. En el momento en que la joven estaba realizando la prueba, entra Pep ‘el Carreró’ a la oficina y ve, por segunda vez, a Lina que minutos después se marcha.
El destino los había vuelto a cruzar en el negocio familiar, pues después de la Guerra Civil, a una de las hermanas le ofrecieron regentar la sucursal de Telefónica en La Vila, motivo por el cual la familia se traslada a vivir allí. ‘El Carreró’ lo tuvo muy claro: le pidió a la hermana titular de la sucursal que contratara a la joven que acababa de salir.
De este modo, Lina entra trabajar en la oficina ‘del cable’, como era conocida la sucursal de Telefónica entre los vecinos de La Vila, apodo que también hicieron extensivo a las hermanas de Pep, a las que llamaban ‘las chicas del cable’. A ‘el Carreró’ le quedaban dos meses antes de enfilar rumbo a la almadraba, tiempo que aprovechó para pasar por la oficina y hablar tranquilamente con la joven a la que quería conocer mejor; sin embargo, Lina, aunque amable y simpática con su pretendiente, no daba muestras de querer nada más con él. La historia iba a cambiar en cuestión de pocos meses.
Las cartas de amor
Transcurrido el tiempo reglamentario, Pep se despide de la familia y de Lina, pero, antes poner rumbo a la almadraba de Arcila, les comenta que a sus hermanas que “no iba a dejar escapar” a la joven que le había robado el corazón.
El todavía pretendiente de Lina estuvo fuera nueve meses, a lo largo de los cuáles la pareja se carteaba casi diariamente. “Al marcharse, Pepe empezó a escribirme cartas, una casi a diaria, eran tan bonitas y estaban tan bien escritas, que me sorprendieron al tiempo que enamoraron. En una de ellas describía detalladamente el momento en el que me había visto, por primera vez, en el andén la estación del ‘trenet’ de La Vila y lo sorprendido que se quedó de mi belleza; en otra comentaba la ilusión que le hizo cuando me vio, por segunda vez, en la oficina de Telefónica y lo contento que estaba cuando empecé a trabajar en la sucursal,” comenta todavía ruborizada la viuda de ‘el Carreró’.

En la joven calaron tan hondo las palabras que leía en las cartas que recibía del almadrabero, a quien no le tembló la mano ni titubeó a la hora expresar sus sentimientos y el amor infinito que le profesaba. “Eran cartas tan bonitas y bien tan escritas que, poco a poco, me despertó la inquietud de conocer más a Pepe, desear su regreso, de esperar para poder pasear juntos de la mano, … La sensibilidad que Pepe transmitía en las cartas y ese modo único que tenía para dar forma a las emociones por escrito fue lo que me enamoraron de un hombre que apenas conocía, pero con el que quería pasar el resto de la vida,” subraya su viuda. Las cartas por desgracia desaparecieron en una mudanza, “para mí suponen una pérdida irreparable, porque nunca las he vuelto a ver.”
La vida en la almadraba
En 1960, cuando apenas habían transcurrido ocho meses del inicio de su relación, Lina y Pep ‘el Carreró’ se casan y comienza su vida en común. Desde ese momento, la pareja no se separó nunca. “Así lo decidimos los dos y cuando Pepe se iba a la almadraba de Arcila, de la que era segundo capitán, yo me iba con él, no quería dejar tanto tiempo solo a mi marido, fui muy feliz junto a él,” resalta su viuda.
Arcila es un pequeño pueblo de la costa atlántica de Marruecos, en cuyas aguas se calaba almadraba, mientras el país vecino estuvo bajo el Protectorado español. Desde el inicio del siglo XX, almadraberos de Benidorm se desplazaban hasta la localidad marroquí para capturar los mejores ejemplares de atún rojo, que se dirige al Mediterráneo a desovar. La distancia que separa Benidorm de Arcila es de unos 1.300 kilómetros, lo que no impidió que se creara, a lo largo de los años, una pequeña colonia de benidormíes, muchos de ellos familia, que hacían la estancia lo más grata posible.

Lo que no era especialmente agradable eran los viajes de ida y vuelta de un pueblo al otro. Lina es tajante al definirlos: “¡Horrorosos! Íbamos de Benidorm hasta Algeciras en un tren penoso, si había temporal había que esperar a que amainara para pasar el estrecho, que cruzarlo ya de por sí era un mareo, llegar a Tánger y de ahí subirnos a unos autobuses, que se llamaban la »valenciana», hasta llegar a Arcila. A la vuelta el mismo recorrido, pero a la inversa.”
Procedente de Jaén, una provincia del interior de Andalucía, a la viuda de ‘el Carreró’, en un principio, de la almadraba le sorprendió todo: “Desconocía ese arte de pesca; mientras los hombres salían a la mar, las mujeres nos quedábamos en casa hasta que éstos regresaban por la tarde, entonces íbamos al puerto para verlos retornar, aunque si pasaban por una zona que llamaban »la barra», con temporal de levante, era ir a padecer. Realmente era un trabajo muy duro y pesado.”

Lina no titubea a la hora de afirmar que en ocasiones tuvo miedo de que su marido saliera al mar: “Es un trabajo que implica grandes dosis de riesgo.” De hecho, el amanecer diario de un almadrabero se mueve al ritmo de las mareas, los vientos y la luna, nunca puede bajar la guardia pues está expuesto a los caprichos de los elementos. No es, por tanto, raro que las mujeres de los almadraberos sintieran miedo a que sus maridos, determinados días, salieran al mar.
Los hombres de la almadraba suelen ser fuertes, auténticos lobos de mar, por lo que las mujeres que unen sus vidas a la de ellos también lo debe ser. Así lo constata la viuda de un almadrabero: “Claro que teníamos que ser fuertes, nos pasábamos prácticamente el día solas, aunque nos apoyábamos unas a otras, porque, además, estábamos en otro país diferente al nuestro, con unas costumbres distintas,” -y continúa diciendo-, “el practicante de Arcila era Vilaseca, al que acudíamos si teníamos algún problema.”

Lina también recuerda simpáticas anécdotas de aquellos años, como la ocurrida un día en la Gimo, el marroquí que les servía la leche, les invitó a su kábila a tomar té. “Fuimos Pepita Llinares, su hijo Paco, que tendría ocho años, y yo, sin saber dónde íbamos; cuando regresaron los hombres de la mar, preguntaron por nosotras y nadie sabía explicarles exactamente dónde estábamos, salieron a buscarnos, ya era casi de noche porque el lugar al que nos había invitado Gimo estaba lejos y en mitad del campo, desde el minuto uno en el que nos vieron aparecer, nuestros maridos no pararon de renegar.”
Otra anécdota que vivió la viuda de Pep en Arcila ocurrió en el zoco: “Vendían unos buñuelos con una pinta buenísima, pero el hombre que los elaboraba estaba muy sucio, sentado en el suelo…Sin embargo, otra mañana que me levanté con la idea de los buñuelos, los compré y el asco desapareció rápido.”
Los dos hijos mayores de Lina y ‘el Carreró’ nacieron cuando su padre todavía trabajaba almadraba, “venían con nosotros a Arcila, eran muy pequeños todavía y no necesitaban ir a la escuela, se quedaban conmigo en casa hasta que su padre acababa la faena.”

Marruecos deja de ser Protectorado español en 1956, aunque la almadraba de Arcila se sigue calando por benidormíes hasta mediados de los años 60. A partir de entonces, la familia Zaragoza Galdón se queda definitivamente en Benidorm. A Pep Zaragoza le salió la oportunidad de entrar a formar parte de la plantilla municipal, primero en el Observatorio Meteorológico y, después, en la biblioteca municipal, donde estuvo hasta la jubilación. Pasados unos años, Lina empezó a trabajar de gobernanta en el Hotel Voramar, propiedad de la familia de su marido, justo cuando éste estaba a punto de jubilarse.
La viuda afirma que, al regresar a Benidorm, “ni Pepe ni yo echamos de menos la almadraba, porque era muy estresante, aunque se estaba muy bien en Arcila, ese tiempo ya había acabado.”
Pep ‘el Carreró’
Josep Zaragoza Pérez, más conocido como Pep ‘el Carreró’, nació en el casco histórico de Benidorm, en el barrio de “Les Roques”. Próximo a la vivienda familiar había un callejón sin salida, en la que de niño disfrutaba jugando, por ese motivo cuando a su abuelo le preguntaban dónde estaba Pep, el anciano contestaba: »En el carreró», de ahí la procedencia del mote ‘el Carreró’,que acompañó durante toda la vida a uno de los personajes más queridos de la localidad.
Josep Zaragoza Pérez provenía de una amplia y centenaria familia de almadraberos y marinos, conocida como el clan de “La Sal”, de la han salido importantes e ilustres personalidades del mundo de la ciencia, la investigación, la docencia, la medicina, la abogacía, la política o las empresas turísticas, …, de renombre internacional.
Sin embargo, la vida no se lo puso fácil a ‘el Carreró’. Su padre, Juan Zaragoza Pérez, Capitán de Almadraba, murió en 1934, con tan sólo 55 años. Pep tuvo que dejar los estudios de bachiller que estaba cursando y seguir los pasos de su progenitor para hacerse cargo de la familia, compuesta por su madre, tres hermanas y un hermano pequeño, pues el mayor ya estaba casado y era marino. El estallido de la Guerra Civil pilló a ‘el Carreró’ haciendo »la mili», su llamada a filas y entrada en primera línea de fuego, “frustraron las expectativas de seguir estudiando de un joven, de tan sólo 16 años, con múltiples inquietudes, truncadas por las lamentables circunstancias de la época que le tocó vivir,” lamenta su hija, Lola Zaragoza.
De hecho, aunque ‘el Carreró’ no llegó a finalizar los estudios de bachiller su inquietud por la cultura y las letras, en general, le permitieron convertirse en un gran lector, gran autodidacta, seguidor de poetas como Bécquer, Lorca o Miguel Hernández, que le confirieron el bagaje necesario para escribir sus propios poemas.
El Ayuntamiento de Benidorm encomendó a Francesc Xavier Llorca Ibi la edición de una recopilación de poesías de «el Carreró». En total fueron 68 poemas, la inmensa mayoría en valenciano, de temática diversa, entre los que destacan: El Llobarro del Mal Pas, El bot del ti Quico, Quin dàtil!, Un ejemplo i El tabalet dels Reis.
Muchos vecinos definieron a ‘el Carreró’ en su día como “el juglar de Benidorm”, por su popularidad y agilidad mental a la hora de redactar versos simpáticos.
Según su viuda, “no había una fiesta o ‘penya’ que no le pidiera una poesía…tanto jóvenes, como mayores; siempre se sintió querido y el reconocimiento de los vecinos siempre fue palpable”.
Homenajes a ‘el Carreró’
-En 1997 el Ayuntamiento de Benidorm, en colaboración con Instituto Juan Gil-Albert de Alicante, edita el libro: De la cala al rincón que recoge el poemario de Zaragoza.
-El 9 de octubre de 2007, el Consistorio lo galardona, junto a la ¡Taula del Bon Profit’, por el trabajo desarrollado en pro de la Cultura, archivando su obra en Wayback Machine, base de datos que contiene réplicas de más de 286.000 millones de páginas de Internet, creada en 2001 por el Internet.
-En 2009 la Societat Musical l’Illa de Benidorm ofrece un concierto en homenaje a ‘el Carreró’.
-En 2011 el Ayuntamiento dedica una calle del centro histórico de Benidorm a Pep ‘el Carreró‘.
-En 2020, año del centenario de su nacimiento, el Consistorio graba un CD titulado: De la Cala al Racó. Música per als poemes de Pep ‘El Carreró’ en el que participan las tres Bandas de la localidad: la Unión Musical, la SM ‘l’Illa’ y la SM ‘La Nova’, junto a la Colla de Xirimiters de la Marina Baixa, que pusieron voz y música al poemario de Zaragoza.
La viuda del poeta subraya que con la edición del libro: De la cala al rincón, “se llevó una gran alegría y lo disfrutó mucho, porque Pepe aún vivía,” -y concluye diciendo-, “todos los homenajes póstumos le habrían hecho mucha ilusión y la familia, en su nombre, queremos mostrar nuestro agradecimiento a todos los que los han hecho posibles; pienso también que el homenaje de poner voz y música a sus poesías le habría encantado porque lo organizó todo su sobrino, Juan Antonio Espinosa Zaragoza, y porque, junto a la escritura, otra de sus grandes pasiones era la música.”