

La natural belleza de Eva ha desaparecido, mientras en sentido opuesto han aumentado las figuras artificiosas y de ampulosas curvas, preferidas por muchas personas que no aceptan ver en su piel las huellas del transcurrir de los años. El implacable dios del tiempo, el juguetón Kronos reconvertido en cirujano, lleva milenios engatusando a una clientela a la que asegura ofrecer savia del árbol de la vida que ahora, entre bisturís y punciones maneja, y ha llegado a tal grado su destreza que el maná le llega con tanta abundancia que sacia la voracidad de sus insaciables bolsillos.
