En un día como el de hoy, “Festividad de Todos los Santos”, en el que miles de personas acuden a los cementerios a recordar a sus seres queridos y con las flores más diversas enviar besos al cielo, algunos mortales empuñamos nuestras plumas, nuestras teclas y a través de las palabras, cada vez con menor repercusión mediática, entonamos una plegaria para que nuestras arraigadas tradiciones no sucumban ante el avance inexorable de otras exportadas. Así, el espacio que los sábados entrelíneasconbelén dedica a los capítulos de la novela Encrucijada, esta semana, -¡cómo no podía ser de otra manera! – se centrará en la figura del inmortal Don Juan Tenorio, del poeta y dramaturgo español José Zorrilla. Obra maestra de la literatura castellana que nos ilumina el alma en estas fechas, como también lo hacen aquellos, profesionales o amateurs que, enfundados en sus respectivos personajes, recrean lo mejor y lo peor de la condición humana. La palabra se adueña de un sencillo escenario que, en cuestión de minutos, pasa de ambientar una jovial escena de carnaval, a otro que discurre entre las tumbas de un cementerio: Don Juan nos recuerda la frugalidad de la vida. Silencio. La función va a dar comienzo. Una frase suena rotunda: «Bello es el mundo! ¡Sí! ¡La vida es bella! ¡Dios en sus obras el placer derrama!»

Cierto Belén, una tradicion que nos vinculan con nuestras raíces.