
Quizá entre nuestras y nuestros seguidores encontremos personas que, por una razón o por otra, desconozcan el espectacular entorno que rodea a Benidorm, que dista poco más 21 kilómetros del Valle de Guadalest, una ruta imprescindible, que se puede realizar en coche, a pié o en bicicleta, mejor antes de que lleguen los calores estivales y visitar los cuatro castillos que vigilaban y/o protegían la vaguada: el de la Alfofra (Confrides), Benimantell, Guadalest y el calatravo de la Serrella. ¡Un paseo por su historia y sus restos!
Ruta por las fortalezas del Valle del Guadalest
Hay razones gastronómicas, culturales y paisajísticas de sobra para visitar el Valle, pero nos centraremos en sus cuatro castillos y en las cuestas que tendremos que subir para acceder a ellos. Nuestro paseo va a comenzar en los siglos XI a XIII, en los que están datados estos castillos.
Hablamos del Valle de Guadalest con sus cinco poblaciones: Guadalest (altitud 571 metros), la cercanísima Benimantell (572 m.), Beniardá (524 m.), Benifato (690) y Confrides (780 m.) -con su núcleo urbano pedáneo: El Abdet (598 metros)-. Presenta un terreno bastante accidentado entre las alturas de sierra Aitana, techo de la Provincia de Alicante, con cima a 1.558 metros de altitud, y la sierra Serrella (con varias cumbres por encima de los 1.300 metros de altitud).

Hay razones gastronómicas, culturales y paisajísticas de sobra para visitar el Valle, pero nos centraremos en sus cuatro castillos y en las cuestas que tendremos que subir para acceder a ellos. Los castillos por razones defensivas se ubican, cuando es posible, en altura, para mejor vigilancia y control del territorio. Son construcciones militares pensadas para resistir un ataque: se devuelven mejor los golpes si el enemigo está en una cota más baja y también porque al atacante le costará más esfuerzo asediar esas murallas si las tiene por encima de su posición.
Paseo por los castillos del califato

En el estudio de Federico Rubio Gomis, “El poblamiento morisco en el valle de Guadalest” (Instituto de Estudios Alicantinos, 1971), se documentan 19 núcleos de población en los siglos XVI-XVII: el Castillo (Guadalest), Florens, Beniardá, Ondarella, Ondara, Maurar, Confrides, Lapdet (L’Abdet), Benimantell, Beniallet, Benisechi, Muxaracas, Benimuça, Beniaçint, Beniquehis, Benifato, Saneta, Beniciclim y Alfofra. El estudio incluye un mapa con algunos de estos pueblos perdidos, que el autor estima se han localizado por restos y/o tradiciones orales. El accidentado relieve, los cursos de agua, la ubicación de las fuentes, eran razones evidentes para la dispersión de la población en pequeños núcleos.

Empezamos nuestro camino en Guadalest, que nos presenta en realidad dos fortalezas: el castillo de San José, en la zona más elevada, y el castillo de Alcozaiba, en la parte inferior, en el entorno de la Casa Orduña, edificio museo que merece una visita más detenida. Guadalest recibe muchos visitantes a diario, lo que vienen justificado por la enorme belleza del paraje, cantada por plumas muy autorizadas… poco puedo añadir.
Sin embargo, muchos de esos visitantes, incluido seguramente algún inadvertido lector, ignora que desde el mirador más al noroeste de la muralla de Guadalest se distingue otro castillo a tan sólo 500 metros de distancia. El paseante sólo tiene que divertir su mirada de las calmas aguas turquesas del pantano para observar una loma que sube del pantano hacia su izquierda, en un perfil que nos recuerda la forma triangular de la isla de Benidorm. Allí encima tenemos el castillo de Benimantell. Si miramos al fondo a la izquierda, bajo la sierra Aitana sobre un otero con forma peculiar, que le ha ganado el sobrenombre de la “Cúa del Bacallà”, vislumbramos que allí se asienta el castillo de Alfofra, a más de mil metros de altura. Y si miramos a lo alto, a nuestra derecha, también superando los mil metros de altitud, empinado a caballo entre el Valle de Guadalest y el Valle de Pop, oteamos el castillo de Serrella.

Es un paseo magnífico salir de Guadalest, ir por el camino de Benimantell con una acera casi continua, llegar a la altura del hotel de lujo Vivood, y acercanos hasta el que hoy consta en Maps como Restaurante Contemple (en sus tiempos, Restaurante Castellet), que se encuentra justo debajo del acantilado sobre el que se agazapa, como lagarto tostado por el sol, el castillo musulmán de Benimantell. Para llegar hasta él tendremos que encontrar un difícil sendero a la derecha del acantilado que sube por un estrecho pasillo de piedra y una peligrosa repisa hasta la deslizante falda del farallón.
Arriba encontraremos el castillo de Benimantell, de hechura musulmana con restos de murallas, aljibe y torre de tapial. Las plantas crecen frondosas clavando sus raíces por toda la fortificación, en la que no es difícil toparse con rastros de las obras de contención del precipicio para evitar desprendimientos, mediante pesadas mallas de metal.
El truco en realidad es dejar el coche en Benimantell, para ir hasta Guadalest caminando, y me ahorro así el atestado y oneroso aparcamiento de la localidad. Ahora de vuelta, una vez llego a Benimantell y contemplo su carrer Trencacames y su curioso campanario octogonal, me subo al coche y conduzco hasta la Font de Partegat (o Partagás). De allí salen las rutas que suben a la cima de Sierra Aitana, pero también las que conducen hasta la Cola del Bacalao y el Castillo de Alfofra. En realidad, podemos llegar con el coche por la carretera que parte más abajo de la Font de Partegat que lleva directamente a Confrides y que en una de sus numerosas curvas nos va a dejar justo debajo del castillo.

Se creé que a sus pies existía una población con el nombre de Alfofra, posteriormente abandonada y reclamada por la erosión, la sedimentación y la mano del hombre como materiales de obra, ni tan siquiera para abancalar.
Para acceder al castillo de Alfofra tendremos que trepar un poco y luego tener cuidado de no quedar pasmados por la vertiginosa, al tiempo que maravillosa, visión de todo el valle desde la cúspide, panorámica que tenía Bernat de Sarriá desde ésta, su casa, en la que, aparte de restos musulmanes claramente distinguidos por su tapial en ángulos rectos, encontramos alguno cristiano como restos de torres circulares.

El castillo de Alfofra, conocido como castillo de Confrides, se encuentra en buena parte en término municipal de Benifato. Es una visita que nos deja ese sabor especial de antigua ruina, que tanto impresionaba a escritores decimonónicos de pluma romántica, como Bécquer o Heine. La magnificencia del lugar, a 1.100 metros de altitud, la cercanía de la majestuosa Aitana, el aire fresco y el sol en la cara mientras vemos Bernia fundirse con el Mediterráneo, nos conducirán a otro siglo, a otras vidas.
De nuevo en el coche, atravesamos Beniardá para pasar al lado del embalse de Guadalest y acercarnos a los pies de Serrella, donde una empinada cuesta pondrá a prueba la tracción del vehículo. Se puede también subir esa rampa de 600 metros de desnivel a pie, siempre que no tengamos prisa.
El castillo de Serrella (no confundir con el homónimo de Banyeres) se sitúa a 1.051 metros de altitud, sobre la peña de Castellet. Se conservan algunas partes de muralla, aljibe y restos de la torre. Accedemos por lo que debió ser la entrada al espacioso albacar que tenemos frente a nosotros una vez rebasamos los restos de la puerta y de un aljibe que sigue conservando su impermeabilidad tras tantos siglos de descuido.

Nos acercamos al borde del acantilado y la visión del valle que se muestra ante nosotros es sobrecogedora. Vemos el Mar Mediterráneo, Serra Gelada, el Rincón de Loix, el embalse a nuestros pies, Aitana enfrente… nos quedamos extasiados en silencio. El castillo se encuentra en término de Castell de Castells: estamos en el castillo de Castell de Castells y por la grandeza de su ubicación entendemos que se pueda denominar así esta población, que fue subencomienda de la Orden de Calatrava, sujeta a la Encomienda de Bejís (Castellón), lo que es visible en los grilletes y la cruz calatrava del escudo municipal.


Si somos osados, treparemos por la peligrosa pared que lleva hasta los restos de la torre de homenaje, donde la sensación es próxima a sentir que estamos volando sobre la Marina Baixa. Algunas de las fotografías que se acompañan han sido realizadas por Nino Guillén, Lola Martínez y algún otro amigo de Marina Histórica, con los que he visitado estos lugares.
Qué maravilla de historia y de paisajes. Mientras lees, parece que estás recorriendo estos lugares y hasta respiras ese aire. Gracias Juan por acercarnos a estos lugares tan nuestros y tan desconocidos.
Muchas gracias por tu amable comentario.