
Los piratas berberiscos nos hacían mucho daño, hasta el siglo XIX con nuestros buenos marinos, aprendimos a devolvérselas. Hombres valientes que pidieron licencia al rey para hacer el corso, armaron sus barcos de pesca y mercantes para lanzarse a la aventura contra las poblaciones de la costa africana. Fue negocio fructífero que se le hacía al enemigo de la nación. Al igual que lo fue el contrabando para los que buscaban ganar dinero fácil, mientras otros de nuestro mismo pueblo lo hacían combatiéndolo. Así lo hizo Don Gaspar Ortuño Vives que al frente del «Plutón» abordó y acabó tras una cruenta batalla, con «Invencible»: victoria de gran repercusión en la prensa de la época y, aunque nuestro capitán, que quedó cojo de una herida, fue recibido con gran boato por la Reina Isabel II, quien le condecoró, obsequiándole, con unas hermosas muletas. Vente este domingo a fondear la historia con una de «corsos, piratas, contrabandistas y enemigos de la patria».
Dos imponentes centinelas de piedra y cal vigilaban nuestra mar, la Torre de Les Caletes en el levante y la Torre del Aguiló en el poniente; de los hombres que las guardaban dependía nuestra fortuna, nuestras vidas. Los guardias acechaban el horizonte, siempre monótono, al atisbo de alguna vela sospechosa. Los piratas berberiscos nos hacían mucho daño, llegaban con sigilo durante la noche, escondiéndose tras la isla para, al amanecer, asaltar nuestra población o las poblaciones vecinas, cuentan que, en ocasiones, subieron por el río Algar hasta Callosa cuando el río bajaba más caudaloso, para saquear y llevarse cautivos a los vecinos, ¿cuántos alicantinos fueron vendidos como esclavos en los mercados de Argel, Orán o Rabat?, si la familia era de recursos se pedía rescate, de no ser así quedaban al albur de la Merced y de aquellos que profesaban su fe, los de peor fortuna acababan sus días como galeotes y, maltratados y mal nutridos reventaban aferrados al remo.
Aquellos salvajes eran alimañas despiadadas, no podía caber más odio hacía el cristiano. ¿De dónde nacía este odio? Antaño, dicen, los moros que convivían con nosotros estaban en inteligencia con los piratas, de esta manera conocían nuestros puntos débiles, jugaban con ventaja, este fue uno de los motivos por los que fueron expulsados en 1609 por nuestro rey Felipe el tercero, después, éstos mismos se unieron a aquellos para atacarnos con mayor rabia en sus razias, de forma más cruenta y sangrienta saqueaban o llevaban presos a sus antiguos vecinos, a los cristianos viejos y a los nuevos, que eran tratados con mayor encono, si cabe.
Imaginad el miedo, el horror en nuestras caras cuando huíamos de la población al ver el humo de las torres durante el día, o su fuego de anochecida, “fuego de noche, humo de día, para correr y salvar la vida”, el pánico se contagiaba a los más pequeños, junto al llanto de los bebés o la desesperación de los ancianos indefensos; a los que carecían de bestias les faltaban pies para huir. El terror entraba por el mar: era nuestra maldición. Imaginad vosotros que sois cristianos, gentes de fe. ¡Imaginad!

Hasta bien entrado el XIX continuaron con sus fechorías, igualmente es cierto que nosotros, pobres agricultores y también buenos marinos, aprendimos a devolvérselas, pues teníamos hombres valientes para afrentarles: los mejores, los más osados y arrojados. Famosos en el Mediterráneo al igual que los corsarios ibicencos y mallorquines.
En Benidorm se pidieron muchas licencias al Rey para hacer el corso, se armaron y artillaron nuestros barcos de pesca o mercantes, y fue negocio fructífero, así lo vieron todos, pues de cada “buena presa” que se le hacía al enemigo de la nación, sólo un quinto correspondía al Rey, mas, cuando no había guerra contra ingleses u holandeses, la había contra el francés o genovés- también era fácil confundir las banderas- y, entre unos y otros, siempre había lugar para las razias en las costas de África, bien en Argelia, Marruecos o Túnez, y volver de esta manera a casa con los depósitos llenos.
Fueron célebres los “Tomás Bayona- padre e hijo- con su jabeque Santa Faç, Antonio Bayona, Francisco y Antonio Orts, Vicente Ortuño, Gaspar Pérez Barceló- “el capitán valiente”-, Gaspar Ortuño vives, Pedro Ortuño Orts, Pedro Ortuño Ortuño, Felipe Ortuño Lloret, Vicente Thous, Napoleón Ortuño, Miguel y Gregorio Orts, y Tomás Orts Pérez”, entre otros.
El propio ayuntamiento pidió dos patentes de corso en los años 1782 y 1785, pues ya digo que era buen negocio. En el de 1882, cuando la fortuna se hacía persiguiendo al contrabando, hizo el ayuntamiento otra petición de licencia, y que, en ausencia de los hombres, que se hallaban en las almadrabas o en otros barcos haciendo el corso, tripularía las embarcaciones con mujeres. ¡Y es que son bravas y “fajás” las mujeres de mi Benidorm!

El contrabando también fue negocio rentable para los que buscaban ganar dinero fácil, los aranceles portuarios estaban muy altos, pues la Real Hacienda se llevaba buena tajada de todo lo que entraba, por lo que, los más avispados, obtenían más beneficios con el género que llegaba sin declarar. Las embarcaciones, armadas de cañones y fusiles, conocidas como “naves nodriza”, principalmente británicas y francesas, o españolas que cargaban su mercancía fuera, generalmente en Gibraltar, llegaban sigilosas frente a nuestras costas y, al caer la noche, nublada o sin luna a ser posible, se arrimaban a alguna cala desierta desde donde acudían con calma y precaución a su reclamo- señales luminosas que todos conocían bien-, pequeñas embarcaciones de pescadores locales para recoger los fardos, principalmente de paños y tabaco, que llevaban a lugar seguro para ocultarlo. Benidorm, como toda la costa de levante, era un nido de contrabandistas desde bien antiguo, no obstante, se la conocía como “el Gibraltar español”. Los puntos más conocidos del contrabando entre Benidorm y Villajoyosa, según un estudio que hicieron las autoridades para la lucha contra el contrabando al comienzo del XIX, eran la “Cala del Alcolcó, Cala del Cañaret, Cala de los Estudiantes, Playa del rio de Torres, Cala Onda, Cala del Conejo, Cala de Morales y Cala del Tossal”; y, entre Benidorm y Altea, “la Playa descubierta de media Ora, Rincón del Hoys, las Peñas del Alvir, que abarca la Cala del Barranco Tuerto, El Pardo, Garrofero, Randas, paso de la Vieja, Cala del Alvir y la playa descubierta de tres quartos de legua”.
Para combatir estos excesos existían dos partidas de guardia, una fija en las poblaciones y otra volante, aun así eran insuficientes para acabar con el negocio ilícito, por lo que el gobierno recurría a conceder licencias para armar barcos y perseguir el contrabando, éstos eran conocidos como buques guardacostas, las condiciones eran similares al corso de los tiempos de guerra, y las ganancias también eran cuantiosas- hasta un 40 por ciento de lo apresado, embarcación, armamento y mercancía incluidos-, adquiriendo la oficialidad de estas embarcaciones los mismos beneficios que obtendrían en la marina de guerra, incluso una pensión para las viudas.
Así pues, lo mismo que muchos vecinos obtenían beneficios con el negocio del contrabando, con el que ganaban más dinero que faenando y penando en la mar con la pesca, otros lo hacían combatiéndolo, como lo hizo Don Miguel Orts y García, un importante empresario de ideas liberales, que comenzó armando dos embarcaciones para perseguir el contrabando por la costa alicantina y acabó poseyendo una importante flota que controlaba toda la costa de la nación- incluida una fragata de 28 cañones que capitaneaba él personalmente-, acabando con el contrabando que menguaba las arcas del estado, por lo que recibió importantes contratos y distinciones. Precisamente fue su hermano político, Don Gaspar Ortuño y Vives quien, capitaneando el falucho guardacostas “El Plutón”, acaparó la atención de la España entera en todos los periódicos, siendo que, después de reñido combate, hizo preso al falucho contrabandista “El Invencible” que capitaneaba el afamado contrabandista de Gibraltar conocido como “El Terrible”, al que hacía tiempo se perseguía y que siempre acababa escurriéndose como anguila.

En las primeras horas de la mañana del 11 de octubre de 1839 y en aguas de Gandía se encontraron por sorpresa las dos naves, inmediatamente se dispuso la tripulación, compuesta en gran mayoría por benidormenses, para recibirlos, pues la nave contrabandista, viéndose favorecida por el viento se dirigió con descaro hacia ellos hasta encontrarse al alcance de sus cañones, entonces hizo los primeros disparos que dañaron el lado de babor de “El Plutón”, enseguida disparó éste causando estragos en el velamen de “El Terrible”, como ya todos la conocían, dificultando su movilidad, lo que aprovecharon nuestros paisanos para lanzarse contra él, sin embargo, en ese momento vuelve a disparar la nave contrabandista, con tan mala fortuna que una bala cae sobre la cubierta de nuestro corsario haciendo daño al velamen, un casco de metralla destroza la pierna izquierda de Don Gaspar, más éste no quiso que lo trasladasen a su cámara, entregó el mando a su segundo y primo hermano suyo, Don Antonio Vives, y quedó observándolo todo desde cubierta, eso envalentonó a nuestros paisanos, quienes murmuraban una oración a la Verge entre dientes mientras se aproximaban a los lobos, entonces, al chocar las naves, estalló una exclamación en el cielo de la mañana: “¡Viva la Verge del Sofratge!” y aquellos valientes se lanzaron con entrega y rabia al abordaje de “El Terrible”, estableciéndose una lucha encarnizada en la que cayeron heridos o muertos muchos hombres, un río de sangre cubría la cubierta, hasta que consiguieron rendirlos y hacerse con el control de la nave contrabandista.

Fue muy importante esta victoria, teniendo gran repercusión en la prensa de la época y, nuestro capitán, que quedó cojo de la herida, fue recibido con gran boato por la Reina Isabel II, quien le condecoró, obsequiándole, además, con unas hermosas muletas, lo que hizo mucha gracia en la corte y en la nación entera.
El pueblo de Benidorm celebró con entusiasmo el acontecimiento, festejándolo con gran fiesta y loas a su héroe local, a los tripulantes de la nave corsaria “El Plutón” y recordando, cómo no, a toda la gente de Benidorm que trabajó y luchó en todos los mares de Dios.
Los últimos pueblos de España en abandonar el corso fueron Villajoyosa y Benidorm, cuando éste se abolió el 20 de enero de 1908. Quede para las nuevas generaciones el recuerdo y homenaje a sus corsarios y corsarias.
Tengo que añadir que nuestro famoso Capitán, Don Gaspar “el cojo”, ocupó importantes cargos en la marina, dejando descendencia de gran renombre, pues su nieto, Don Emilio Ortuño y Berte, llegó a ser Director General de Correos y Telégrafos y, más tarde, ministro de Fomento.
Con el entusiasmo de los recuerdos me parece me vine arriba y me extendí de más en mi narración, espero, no obstante, haber entretenido a vuesas mercedes con esos momentos que, fueron de dolor en multitud de ocasiones, como también los hubo de gloria para mi pueblo: Benidorm.
Bibliografía:
Fuente principal: Corsarios y corsarias de Benidorm, obra inédita del propio autor, Rafa Amorós, que nos permite somarnos a un libro que sabe a aventura e historia de nuestro pueblo.
Obra consultada: Todo a babor, de Eduardo Casas Herrer; “Histobenidorm”, blog del profesor Francisco Amillo Alegre; y “Benidormerías”, blog fundado por Juan Díaz Ortuño, en el que participan activamente gentes de Benidorm, en el que cuentan historias, anécdotas, acontecimientos,… que han tenido lugar a lo largo de su historia de la localidad.