
Hablar de la vida Miguel Barceló Pérez no es fácil. Su dilatada trayectoria abarca distintas épocas y distintos entornos. Su vida la marcaron sus tres grandes pasiones: sus orígenes, en los que incluyo a la familia directa; su vocación por la política, entendida como deber servicio público; y Benidorm, su pueblo, que llevaba por bandera allá donde estuviera. Murió con 95 años, sin perder ni un ápice de la elegancia que siempre lo caracterizó, máscara perfecta para ocultar sentimientos o para afrontar los duros golpes que le deparó la vida. Esta semana, la Fundación Frax ha presentado el libro: Desde la reflexión, de Martín Sanz Moros, que me ha hecho recordar los gratos momentos que pasé junto al senador cuya trayectoria, como la de otros personajes que han pasado por este blog, no sólo es parte indiscutible de la historia de Benidorm, sino también de la política española. ¿Quieren saber por qué? Acompáñenme en el viaje de esta semana que dirige el propio Miguel Barceló junto a una servidora. ¡Alzamos anclas!
Al histórico senador benidormense lo conocí, con mayor profundidad, cuando ya había abandonado toda actividad política y le daba tiempo a acudir con cierta regularidad a debates, tanto televisivos, como radiofónicos, en los que coincidíamos a menudo. Además, de ser vecina del hotel Les Dunes durante los 29 primeros años de mi vida. Por ello me he permitido la licencia esta semana de hablar, en muchas ocasiones en primera persona, del hombre que se escondía tras el cargo de senador.
La dilatada trayectoria vital de Miguel Barceló Pérez (Benidorm, 28 de diciembre, 1923 – 12 de marzo, 2018), da para mucho. Muere a los 95 años, abarca casi un siglo de vida, que no es casual que coincida, año arriba año abajo, con la inauguración de los tres primeros hoteles de Benidorm, entre ellos el Marconi, el primer establecimiento hotelero que inauguró su padre, Miguel Barceló Martínez, en 1934. ¿Debemos pensar por ello que el senador provenía de una familia de empresarios hoteleros? La respuesta es: Sí/No. La respuesta la encontramos, como en otras ocasiones, en los orígenes familiares.

Miguel Barceló Pérez es fruto del enlace entre Miguel Barceló Martínez y Josefa Pérez Barceló. Su padre fue maestro y oficial radiotelegrafista del buque “Magallanes”, en el que trabajó durante 20 años. Anteriormente, había estado enrolado en diferentes mercantes, siempre de la compañía: “Navieras Trasatlánticas”. Buques con los que el oficial Barceló Martínez recorrió varias veces el mundo, lo que, a su vez, le facilitó el aprendizaje de otros idiomas, como inglés y francés, que hablaba perfectamente, “además era un hombre muy culto,” asegura su nieta, Ángela Barceló Martorell.

Por su parte, Josefa Pérez, “era una mujer muy elegante, presumida y valiente”, que no dudó en trasladarse a vivir, con sus tres hijos: Carmen, Jaime y Miguel, todavía muy pequeños, a Barcelona, en el puerto al que arribaba el cabeza de familia después de cada travesía. Miguel Barceló Martínez, con tantos viajes a sus espaldas, decidió poner en marcha la idea que le llevaba rondaba por la cabeza hacía años: construir el tercer hotel de Benidorm y el primero de la playa de Poniente, el Marconi. ¡Aquí empieza la otra historia!
Inicio de la saga de hoteleros
Ángela Barceló cuenta que su padre había heredado “la elegancia y amabilidad de su madre y la tenacidad y las ganas de emprender de su padre”, cualidades que forjaron el carácter del joven Miguel Barceló y que le acompañarían hasta su muerte. A mí, personalmente, me explicó que “ser hijo de un oficial de la marina te curte el carácter, eran hombres fuertes, acostumbrados sobrevivir a grandes temporales en mar abierto, sujetos a una fuerte disciplina, imprescindible tanto para la convivencia, como para que funcionara a la perfección todo el engranaje que requerían estos buques para tener una travesía tranquila.” No es la primera vez que en este espacio hablo de la disciplina que imperaba en casa de los marinos mercantes, en este caso lo narra el hijo de un oficial.
Esa forma de entender la vida abierta al mundo, pero con los pies muy aferrados a la tierra, conformó la personalidad de una saga de empresarios turísticos y políticos que nunca olvidó sus orígenes marineros, de los que tan orgulloso estaba el senador de Benidorm y de los que siempre encontraba el momento para hablar, por lo menos conmigo.
Un pueblo con múltiples encantos
Miguel Barceló siempre incidía en un hecho: “Benidorm ya tenía un incipiente turismo desde finales del siglo XIX, cuando había empezado a funcionar el balneario de la Virgen del Sufragio, que atraía a visitantes adinerados de Madrid y de Alcoy, quienes se desplazaban hasta la costa por »prescripción médica” para tomar los baños y beneficiarse de la brisa marina.”

Esta iniciación al turismo, junto a la arraigada tradición marinera de Benidorm, derivó en que muchos de los marinos locales invirtieran los ahorros de toda la vida en su pueblo. Muchos de ellos llevaban décadas enrolados en buques de las navieras más importantes del país, igual que los almadraberos, los mejores y más hábiles en este milenario arte de la pesca del atún, que no sólo calaban en costas españolas, sino también en la de otros países, como Tánger o Marruecos.
En ambos casos, los marinos de Benidorm pasaban largas estancias fuera de casa, en el mar y, en muchas ocasiones, a merced de los elementos. Los benidormenses que trabajaban en la marina mercante, recorrían grandes distancias, muchos de ellos habían dado la vuelta al mundo varias veces, lo que les había propiciado conocer distintos países, sobre todo, en zonas del Caribe y el Pacífico, en los que habían visitado bellos lugares con amplias y exóticas playas, de arena blanca, y aguas cristalinas, que no le hacían sombra a las de su pueblo. Los marinos, además, eran perfectamente conscientes de que esas zonas se estaban organizando para recibir a un inicial turismo.
Don Miguel, el fundador de la saga Barceló, también había recorrido varias veces el mundo a bordo del trasatlántico “Magallanes”, en el que realizaba la ruta Barcelona-La Habana-Nueva York. En estas largas travesías había conocido lugares así de bellos, que no superaban en modo alguno los encantos y atractivos de un Benidorm todavía virgen. Construyó su hotel, el tercero del pueblo y el primero de la Playa de Poniente, al que llamó Marconi, en homenaje a Guillermo Marconi, uno de los más destacados impulsores del sistema de telegrafía sin hilos o radiotelegrafía, en reconocimiento al trabajo de radiotelegrafista que había desarrollado durante tantos años.

Casi al inicio de la Playa de Poniente, donde actualmente finaliza el Parque de Elche, encontramos el hotel Marconi, un lugar antaño alejado de todo, rodeado de huertas y árboles. “El hotel, como tal, abre sus puertas en 1934, aunque anteriormente era un lugar con canchas en las que se jugaba al tenis, se ofrecían meriendas que se llamaban »TÉS danzantes» y se bailaba en las pistas de tenis”, matiza los nietos del fundador, actuales copropietarios del establecimiento, Pepa y Miguel Barceló.
“El haber viajado tanto le proyectó una visión bastante clara de lo que podría llegar a ser el turismo de sol y playa y fue lo que le impulsó a convertir la casa familiar en un hotel.”
Benidorm, el mejor pueblo del mundo para invertir
¡Barceló tenía toda la razón del mundo! Hace cien años, Benidorm era un pequeño pueblo de marinos, bañado por el omnipresente azul turquesa del Mediterráneo, que acariciaba la singular bahía dividida por dos amplias playas de blanca y fina arena, todavía vírgenes, con zonas en las que se acumulaban altas dunas y palmerales. Muy próximos al arenal se extendían huertos de naranjos, almendros, olivos, algarrobos, …, a cuyo amparo creía una silvestre vegetación autóctona como el pino carrasco, el romero, el jazmín o el galán de noche, entre otros. Al anochecer, cuando plantas y arbustos comienzan a desprender sus característicos aromas y las olas del mar lancean mejor el salitre, los olores se fundían junto a la brisa marina que desprendía la más exquisita de las fragancias, procedente de una naturaleza viva.
Volviendo a la singularidad de la bahía de Benidorm, uno de sus símbolos más característicos lo compone el saliente el rocoso promontorio del Canfali que separa las playas de Levante y Poniente, lado por el que desciende vertiginosamente un acantilado que al final da forma a la cala el ‘Mal Pas’. El macizo del Canfali es donde, además, se asienta la parte histórica de Benidorm, el corazón del pueblo, configurado por estrechas y perpendiculares calles que todas conducen al mismo sitio: a la plaza de San Jaime, que conduce al castillo y al mirador, punto en el que el saliente rocoso separa las dos playas, presidido espectaculares vistas.
Desde el castillo también se aprecia otra de las singularidades más peculiares, simbólicas y fotografiadas del pueblo: la triangular silueta de la Isla de Benidorm, que emerge justo en el centro de la bahía, prolongación de la cercana cordillera de Sierra Helada, auténtica joya de la naturaleza, que separa la localidad del vecino municipio de Alfaz del Pi.

Sus laderas llegaban hasta el Rincón de Loix, al final de la playa de Levante, y cuenta con innumerables rutas y empinadas cumbres en las que se puede disfrutar de increíbles panorámicas de las bahías del Albir y Altea, con Sierra Bérnia al fondo. Cumbres o picos de elevada altitud mirando hacia bajo se convierten en abruptos acantilados, cuyo recorrido finaliza muchos metros bajo la superficie del agua o, ciertos casos, conforman rocosas calas escondidas de especial encanto. Si por contra elevamos la mirada y la giramos 180 grados, a simple la vista abarcaremos la peculiar y sorprendente silueta del Puig Campana, con una mella en su cima.
No es de extrañar, por tanto, que los marinos ampliaran el objetivo y proyectaran sobre su propio pueblo las ideas captadas en otros lugares de globo con similares características a las de un Benidorm virgen.
Turismo fuente de ingresos
Tímidamente, el turismo empezó a consolidarse en Benidorm como fuente de ingresos en la década de los años 30 del pasado siglo.
El Marconi, que abrió sus puertas por primera vez en 1934, fue el primer hotel que se construyó en Poniente, nos sitúa en los inicios del turismo de Benidorm. La actividad turística se extendió primero por la playa de Levante, a principios de la década de los años 50 del pasado siglo apenas había tocado la de Poniente.
Era el tercer hotel que se construía en Benidorm siguiendo la estela marcada por el Bilbaíno, construido en 1926 en el otro extremo de la villa, en la playa de Levante al igual que el hotel Levante, en 1931. Éste último ya no existe, pero tanto el Bilbaíno, como el Marconi, siguen abiertos, después de casi un siglo. Actualmente lo regentan los nietos y bisnietos de sus respectivos fundadores.
Don Miguel, años después de jubilarse, abrió otro hotel, el Rosaleda, justo al lado del Marconi. ¡El negocio había sido un éxito!
Una vida dedicada a la familia y a la política
De joven, el hijo del fundador del Marconi, Miguel Barceló Pérez se traslada a Madrid a estudiar y a su vuelta comienza su actividad empresarial como administrador de fincas y director de empresas turísticas. Mientras, su hermano Jaime accede a la alcaldía de Benidorm de 1969 a 1971.

A Miguel Barceló siempre lo precedía una elegancia innata, una educación exquisita, un refinado gusto en el vestir, unas formas intachables, unas conversaciones de, … El senador no sólo era guapo sino además todo un galán que, en sus años mozos, más de un corazón partió. Nunca negó carencia por las mujeres, aunque el amor de su vida, me confesó, “fue con la que me casé”, quien estuvo a su lado hasta que la muerte los separó: Dolores Martorell Llorca.
Dolores Martorell, hija del doctor Martorell y Rosa Llorca, familia que, como la de Miguel Barceló, era muy conocida en el pueblo, por lo que la joven pareja se conocía de tiempo atrás. La relación de amistad que unía a Dolores y Miguel, con el transcurrir de los años se convierte en algo más, la pareja se enamora y se casa en la iglesia de San Jaime, en 1952. En un principio viven en la casa familiar de Dolores (Lolita entre los más allegados), en una de las calles más céntricas de Benidorm, la Alameda. Fruto de esta unión nacen los tres hijos del matrimonio: Ángela, Rosa y Miguel Barceló Martorell.
Pocos años después de casarse, la madre de Dolores, Rosa Martorell, vende unas céntricas fincas que tenía en Alicante y su yerno, que ya conocía el sector, le aconsejó invertir ese dinero en la construcción de un hotel, en el bancal que poseía en primera línea de la playa de Levante.
Miguel Barceló quería un establecimiento distinto a los que ya existían en la localidad, de mayor categoría, al que acudiera una clientela fiel y exclusiva. En 1955 abre sus puertas Les Dunes y el hotel pronto adquiere el protagonismo que perseguía la familia. Puedo dar fe, he sido vecina de ellos durante 29 años.

Una vez, recuerdo, le pregunté al senador: ¿Por qué elegisteis poner al hotel el nombre de Les Dunes? Me miró fijamente y me respondió: “Porque justo en frente del hotel, muchos años antes de que tu nacieras, había dunas (dunes, en valenciano), que, dependiendo del viento y las mareas, se movían, crecían o menguaban. También había dunas en otros lugares de nuestras playas, en la de Poniente y, sobre todo, en la de La Cala. De niño me encantaba jugar con los amigos a subir y bajar de las dunas. La verdad es que era muy divertido: la subida, tira que va, la bajada podía ser más complicada,” al concluir la explicación, esbozaba una medio sonrisa. La lección había sido breve, clara y precisa. No la olvidaré nunca: antaño en las playas de Benidorm había dunas.
A los Barceló Martorell el éxito del hotel no les llega caído cielo, pese a proceder de familias con posibles. Dolores trabajó durante años como la que más: “siempre, en la »trastienda», lavando y planchando ropa, limpiando, lo que hiciera falta para que todo estuviera perfecto,” su marido, con la elegancia que lo caracterizaba, se encargaba de recibir a los clientes, a los que trataba con especial cortesía y a los que hacía sentir como en casa.” Mano a mano, cada uno en su sitio, fueron fidelizando clientela.
Ángela Barceló, hija de Miguel y Dolores y actual gerente de Les Dunes, me explicaba hace un par de meses cómo se vivía la hostelería en esos años: “Les Dunes, propiedad de mis abuelos maternos, se inaugura con sólo tres plantas, aunque años después se le añadirían dos más. Todas las habitaciones tenían baño completo y terraza. Había carta, los clientes elegían lo que querían comer y los camareros, perfectamente uniformados, servían en mesa. Al hotel se accedía por una gran escalinata que daba a una amplia terraza, en la que estaba el comedor exterior, la piscina y un bar. Estaba muy diferenciado lo que era la recepción y la conserjería. Los clientes llegaban y el equipaje lo subían a las habitaciones los llamados ‘botones’.”
Ángela, igual que su padre, no olvida los orígenes: “Benidorm se lo debe todo a nuestros marinos, ellos venían con la mente más abierta tras visitar infinidad de lugares, habían conocido muchos países y lugares en los que el turismo ya era una fuente de ingresos importante y llegaban con una visión más emprendedora” -y añadía-, “el Benidorm de hoy es, quizás, lo que ellos soñaron que sería su pueblo en un futuro.”

Les Dunes también se convirtió en el domicilio familiar, donde nacen y crecen los hijos de Miguel y Dolores, mientras que en España ya soplan los vientos de cambio y libertad.
A Miguel Barceló, desde joven le había atraído la política, máxime teniendo a un hermano que había sido alcalde del pueblo, es de suponer que era un tema que no era ajeno. De hecho, puedo afirmar que muchas de las personalidades de la época que se alojaban en Les Dunes lo hacían de la mano de Miguel Barceló que era, ante todo, un gran relaciones públicas. Evidentemente, no daré nombres. Como le recordé a Ángela hace unos meses: “Yo también me he bañado en la piscina de Les Dunes.” El resto se queda entre nosotras.

Por su parte, el futuro senador, que se declaraba ideología manifiestamente liberal, aprovecha el momento en el que la familia y el negocio están establecidos para dar un paso hacia delante en su actividad política. Lo hará en las Elecciones Generales de 1977, las primeras celebradas tras la dictadura franquista, cuando presidió la gestora que fundó UCD en Benidorm. Al caer el partido liderado por Adolfo Suárez, presenta su candidatura a la alcaldía, como cabeza de lista del Partido Demócrata Liberal, en las elecciones municipales de 1983. Tras no obtener los resultados esperados, cursa su baja en esta formación para presentarse como cabeza de la lista de Alianza Popular, en las municipales de 1987.
El gran salto de Barceló en su trayectoria política le llegará en las Elecciones Generales de 1986, cuando sale elegido senador por la provincia de Alicante cargo que ostentará hasta 2008.
A nivel familiar Miguel y Dolores tuvieron que hacer frente a momentos muy duros, como a la pérdida de un hijo a edad muy temprana, por su drogodependencia, que marcaría de por vida a la familia, que nuca ocultó lo sucedido. Una situación que atravesaron cientos de familias españolas que, a finales de los años 70, principios de los años 80, perdieron hijos e hijas. Antes de la muerte de su hijo, Miguel Barceló como padre, llevaba años luchando contra los problemas derivados de la drogodependencia, batalla que mantuvo privadamente hasta el final de sus días. ¡ Ahí lo dejo ! En el Senado lo hizo como vicepresidente de la Comisión Mixta para el Estudio del Problema de las Drogas (1996-1999), aunque el político de Benidorm, supiera más que las conclusiones a las que llegó el citado estudio. No en vano lo había sufrido en sus propias carnes, sino que, cuando otros miraban para otro lado, él ya se había sentado a hablar y a escuchar a las madres que en Galicia habían salido a la calle a señalar a los culpables del tráfico de drogas que estaba acabando con la vida de sus hijos. Nunca hablé de este tema con Miguel.

Éste no sería el último envite al que la familia tuvo que enfrentarse y… Como he referido al principio de este reportaje, la vida no se lo puso fácil a Miguel Barceló ni tampoco a Dolores Martorell, quien está casi a punto de cumplir los cien años.
Miguel Barceló siempre miró a la vida con la elegancia que heredó de su madre, ni mal gesto ni un mal detalle dejaba entrever lo que sucedía en su interior, aunque no hay que ser muy sabia… El capitán, como lo llamaban los amigos más íntimos, »Co» como cariñosamente lo llamaban nietos y biznietos, el senador Barceló, como popularmente se le conocía, se fue a los 95 años, dejando tras de sí una biografía, una historia que, como muchas otras, tuvo sus luces y con sus sombras.
Les anunciaba al principio que esta misma semana Martín Sanz Moros, amigo de la familia Barceló, había presentado el libro: Desde la reflexión, editado por Fundación Frax, que recoge cincuenta horas de conversaciones mantenidas con Miguel Barceló durante el invierno de 2016, que aporta un amplio y detallado arsenal de la ajetreada vida política y familiar del senador, así como los cargos que ostentó como político. Una publicación que detalla minuciosamente las cruentas batallas que se viven en el seno de los partidos y de las que, a mí, en ningún momento, me hizo mención. Las historias que conmigo compartió eran diferentes, ni mejores ni peores, distintas.
Lo que nunca se me olvidará es el consejo y lección de vida un día de tantos me dio: ¡Pero hija, aún no sabes que los enemigos los tienes en la propia bancada, que en la bancada de enfrente sólo están tus adversarios! Breve, claro y conciso, sin altanerías, en su línea. De nuevo, en su rostro apreció su medio sonrisa. ¡Me dejó muda!
El libro cuenta además con las reseñas que sobre la figura del senador de Benidorm realizan, blanco sobre negro, un amplio y destacado grupo de dirigentes del PP a nivel nacional.