
Una de las ideas más importantes que subyacen en la física es que sus leyes son universales. La velocidad de la luz es la misma en nuestra galaxia y en la de al lado y la gravedad debe funcionar también de la misma manera en todas partes.
Pero hay sitios donde parece que la gravedad quiere tomar un descanso, lugares como la cuesta mágica en Crevillente, una misteriosa colina que desafía a la gravedad. Si dejamos caer una pelota en esta colina mágica, veremos que èsta, en lugar de ir cuesta abajo, tomará la ruta contraria y ascenderá. Lo mismo ocurre con vehículos que dejemos en punto muerto, irán colina arriba. Si desafía las leyes de la ciencia, entonces: ¿Qué es lo que ocurre en la cuesta mágica de Crevillente? ¡Escalofriante!
La Cuesta Mágica de Crevillente
Cuando escuché el nombre de este lugar, enseguida sentí unas ganas enormes de saber más de él. No es puramente terrorífico, pero sí en el que ocurren cosas paranormales que han sido investigados por muchos equipos. La cuesta mágica en realidad se trata de un tramo de carretera de unos veinte metros en el que los vehículos, estando en punto muerto, en lugar de bajar, ¡suben! La explicación a este hecho parece estar en una ilusión óptica que provoca nuestro cerebro. ¿No te parece misterioso?

Yo soy Ángela, y hay lugares que te llaman incluso antes de conocerlos. Cuando escuché hablar por primera vez de la Cuesta Mágica de Crevillente, sentí algo muy parecido a un susurro interior, una voz suave pero insistente que me pedía ir. No era un sitio de terror al uso, lo sabía, pero sí uno de esos lugares donde la realidad parece doblarse, donde lo inexplicable se cuela sin pedir permiso.
Sergio, mi marido, me miró con esa mezcla de amor y paciencia que siempre tiene cuando me obsesiono con algo.
–Si te inquieta tanto, tenemos que ir -me dijo, sonriendo-. Además, estaré contigo.
Ese simple “estaré contigo” me tranquilizó más que cualquier explicación racional.
Llegamos al anochecer. El cielo comenzaba a teñirse de tonos violáceos y el aire era extrañamente frío para la época del año. La carretera estaba vacía, demasiado vacía. Aparcamos cerca del tramo famoso y, al bajar del coche, el silencio me golpeó con fuerza. No se oían insectos, ni coches lejanos, ni viento. Nada. Solo nuestros pasos.
–¿No te parece… raro? -susurré.
Sergio me rodeó con su brazo y besó mi frente.
–Pase lo que pase, no sueltes mi mano.
El lugar no parecía especial, pero se sentía distinto. Como si la carretera respirara. Nos subimos al coche y Sergio puso el cambio en punto muerto. Yo cerré los ojos un segundo, rezando para que todo fuera una tontería… y al abrirlos, el coche comenzó a moverse. Pero no bajaba. Subía.
Una sensación helada me recorrió la espalda. No era un movimiento brusco, sino lento, decidido, como si la carretera supiera exactamente lo que estaba haciendo.
–Sergio… -dije, apretando su mano-. Dime que lo ves.
–Lo veo… y no me gusta -respondió, con la voz más seria de lo habitual.
Apagó el motor. El coche siguió subiendo.

Fue entonces cuando lo sentí: una presión en el pecho, una presencia invisible, algo que no se veía pero se notaba. El aire se volvió más denso, casi difícil de respirar. Juraría que escuché un leve murmullo, como voces lejanas, imposibles de entender.
La carretera jugaba con nosotros
Bajamos del coche con el corazón desbocado. Sergio lanzó una botella de plástico al suelo. Rodó cuesta arriba, desafiando toda lógica. En ese instante, un escalofrío me obligó a abrazarme a él.
–Ángela… -me susurró al oído-. No es solo una ilusión. Aquí pasa algo más.
Me aferré a su pecho, escuchando su corazón latiendo tan fuerte como el mío. En medio del miedo, me sentí extrañamente segura. Si aquel lugar quería asustarnos, no iba a conseguir separarnos.

De repente, tuve la inquietante sensación de que la carretera nos observaba, como si jugara con nosotros, disfrutando de nuestra confusión y de nuestro temor. Las luces del coche parpadearon un segundo… y entonces todo volvió a la normalidad.No dijimos nada. Subimos al coche y nos marchamos despacio, sin mirar atrás.
Esa noche, ya en casa, Sergio me abrazó mientras intentaba dormir.
–Sea lo que sea ese sitio -murmuró bajito-, no pudo con nosotros.
Cerré los ojos, sintiendo su calor, pero en mi mente seguía viendo aquella carretera imposible, esa cuesta que subía sola, como si el mundo, por un instante, hubiera decidido romper sus propias reglas.
Y supe que hay misterios que no quieren ser explicados… solo sentidos.
Desde entonces, la Cuesta Mágica sigue allí. Silenciosa. Paciente.
Nosotros ya sabemos lo que ocurre cuando apagas el motor y confías en la lógica. Sabemos lo que se siente cuando el mundo decide no obedecer sus propias reglas.
Ahora solo queda una pregunta:
Y tú? ¿Te atreverías a ir de noche? ¿A poner el coche en punto muerto, soltar el freno… y dejar que la carretera decida si subes…o si no te deja marchar?
Porque algunos lugares no buscan ser entendidos. Solo buscan al próximo valiente.

Soy poco dada a este tipo de aventuras, ¿miedo?, sin duda. Habéis sido valientes y aunque sea , o no, ilusión óptica, da que pensar. Como todo lo que escribes, me gusta, y aunque te recorra un escalofrío por la espalda, da gusto leerte.
Muchas gracias por tus palabras 😍
Espectacular narracion . Yo sin estar alli me sentir un acompañante más y aconsecuencia de ello senti miedo. Como siempre me pasa con los texto de Angela.
Gracias por leerme M. José!!!
Ángela me ha gustado mucho tu narración, no sabía que tan cerquita de nosotros había sitios distintos, en los qué la lógica no existe. Gracias por descubrirmelos
Gracias a ti, Tere. Está zona está llena de sitios fantásticos!
Muy interesante todo lo que cuentas Maribel, ya tengo ganas de ir a observar el fenómeno in situ, gracias