
Caballero medieval (segunda mitad del siglo XIII- Xàtiva, 1335), de humilde casta barcelonesa, que en menos de 30 años logró amasar un vasto imperio en el centro del Reino de Valencia. Valiente, astuto diplomático, educado, de inmensa gallardía en la batalla, de fina pluma y larga lengua en la cercanía, asesor íntimo de Jaime II de Aragón, cruel con los deudores, fiel a la corona de Aragón. Sus triunfos en la escena internacional como diplomático y embajador, así como la meteórica carrera del certero guerrero con el acero, capitán general de los ejércitos de la corona y almirante de la flota aragonesa, lo perfilaron como figura clave para un rey necesitado de poner paz en las tierras fronterizas, sobre todo, en las limítrofes con el nazarí reino de Granada. Una nueva e impresionante demarcación de los lindes del territorio, que abarcaban toda la zona septentrional del reino de Valencia. El verdadero triunfo de Bernat de Sarrià no le llegará hasta pisar tierras de Las Marinas, desde donde consigue adueñarse de significativas plazas y amasar un extenso señorío. De Sarrià fue además el fundador de la villa de Benidorm, al otorgarle la Carta de Poblament, que este año se celebra el 700 aniversario de su fundación.
Hace ahora 700 años, el 8 de mayo de 1325, ve la luz, por primera vez, la Carta Pobla de Benidorm, el último reflejo de la grandeza de Bernat de Sarrià, quien la redacta, estampa su nombre en el documento, en el que concede derechos y privilegios a los nuevos pobladores de la villa, en un intento de consolidar su señorío y asegurar que su legado permanecería unido más allá de los tiempos.
Sarrià peinaba canas y ya no era el estratega invencible de antaño. En el ocaso de su vida, la gloria de sus conquistas y las riquezas de su vasto dominio comienzan a pesar sobre sus hombros, como una armadura demasiado cargada. Los castillos, las tierras, las rentas, todo aquello que había acumulado a lo largo de su dilatada trayectoria se resquebraja, como un castillo de naipes, bajo el peso de una economía descontrolada, siempre en números rojos, fruto de una nefasta gestión económica, que al final de sus días le pasarían factura.
Especializados historiadores medievalistas mantienen que la Carta de Poblament es el último testamento de Bernat de Sarrià en forma de ciudad: “Benidorm, una villa que nace bajo su pluma, en un intento de supervivencia en la historia.” *

“En el ocaso de su vida, mientras su nombre es relegado a maniobras políticas y ajustes de cuentas, Sarrià nos deja un último susurro de su poder. La Carta Puebla de Benidorm es su sello, la prueba de que, aunque los imperios caen y las deudas pueden consumir hasta al más audaz de los hombres, la historia siempre recordará a aquellos que la construyeron.”
Raíces de acero
No podemos adentrarnos en el legado de Bernat de Sarrià, en la Carta Pobla de Benidorm, sino conocemos la historia de quién otorgó el acta fundacional a la villa. Como digo siempre, viajemos al pasado, a los orígenes de Bernat de Sarrià bajo la sombra de un apellido, aún joven entre la nobleza, pero cargado de determinación.
En la Barcelona de los convulsos siglos XIV y XV, donde el mar traía promesas y peligros, nació y creció nuestro hombre: no en cuna dorada, pero tampoco áspera o fría. Su familia había tejido un delicado equilibrio entre el prestigio militar y una modesta propiedad, que le aseguraba un puesto en las estrategias del rey Jaime I, bajo la mirada meticulosa del monarca, que evitó la creación de grandes señoríos que se pudieran alzarse contra la corona. Sin embargo, la ambición es un río difícil de contener y los Sarrià aprendieron a navegarlo.
Su padre, Vidal de Sarrià, fue un hombre de guerra y de números, hábil en la batalla y aún más en el comercio de tierras. Su ascenso fue discreto, su enriquecimiento inevitable. Pero fue Bernat quien convirtió la senda familiar en una autopista hacia el poder. No bastaba con tierras, ni con títulos, él buscaba moldear su destino a través de la diplomacia y el acero, y encontró en Jaume II el trampolín perfecto para alcanzar cotas inesperadas.
Las inquietudes militares despertaron en Bernat de Sarrià siendo éste todavía muy joven, lo que propició que participara en la conquista de Sicilia, junto a Pedro el Grande en 1282, guerra en la que su figura ya destacó contra los partidarios de Carlos I de Anjou.

En 1296, el rey lo nombra almirante de la Flota Aragonesa, por el arrojo mostrado durante el transcurso de la guerra entre Jaime II y su hermano Federico II de Sicilia, así como por el valor y la valentía que guió sus pasos en la conquista del Reino de Murcia, entre 1296 y 1304.
La historia se complicó en las Vísperas Sicilianas de 1282, Bernat vio más allá que una simple revuelta: visualizó un tablero de ajedrez en el que mover piezas a favor de su casa y de la corona.
En la isla nace el almirante. Sicilia fue su campo de pruebas, el trampolín sobre el que se asienta la inquebrantable confianza existente entre Jaume II y el almirante. Aquel rey, que necesitaba hombres de hierro con mentes de oro, encontró en Bernat de Sarrià al consejero ideal. Desde las capitulaciones matrimoniales del éste con Blanca de Anjou hasta la conquista de Murcia y la expansión del reino en tierras valencianas, cada movimiento lo acercaba más a la grandeza que el destino le deparaba: la creación de un señorío tan amplio y rico que desafiaría los propios límites de la nobleza aragonesa.
El señorío de Sarrià
Pese a las estrategias mantenidas durante el reinado de Jaume I para evitar la creación de grandes señoríos que pudieran alzarse contra la corona; su sucesor en el trono, Jaime II el Justo, hizo la vista gorda con Bernat de Sarrià, que bajo su reinado “logró cosechar un impresionante señorío, fruto de sus victorias políticas como hombre de estado y por su frenética adquisición de tierras.”
De hecho, la verdadera grandeza del señorío de Sarrià no llega hasta que, el Capitán General del ejército y Almirante de la Flota de la Corona aragonesa, pisa tierras valencianas: cuando el monarca le pide ayuda para pacificar la zona septentrional del Reino de Valencia, que discurre desde el margen sur del río Xùcar, hasta los territorios fronterizos con el nazarí reino de Granada. El rey le demanda a su asesor más fiel, gran guerrero y distinguido diplomático que ocupe todas las plazas que pueda y que ejerza sus dotes más disuasorias para apaciguar estos territorios.

Bajo esa finalidad y siguiendo las órdenes del monarca, Bernat de Sarrià se dirige, junto a un pequeño grupo de hombres, a unas tierras en las que encuentra fortalezas caídas y abruptos paisajes: en su mente, de nuevo, visualizaba un tablero de ajedrez en el que sólo había que mover diligentemente las fichas para alcanzar un gran reto, su gran oportunidad. No era noble de nacimiento, pero la astucia y la ambición que caracterizaban la personalidad de Bernat de Sarrià lo hizo noble por derecho, por conquistas, por juramentos bien medidos y por su capacidad de ser más avispado que sus rivales. La encomienda del rey no sólo sería provechosa para la corona sino también para él.

El pequeño castillo de Confrides fue la piedra angular que le abrió el camino para acceder a los puntos claves de Las Marinas. En esta montañosa atalaya, desde la que se divisa todo el valle, también tuvo momentos de desasosiego que contrarrestaba con otros de meditación, rezos y reflexión, que le empujaron a llegar a un punto de inflexión en el que Bernat de Sarrià optó por abandonar “la figura del aventurero que desde joven llevaba dentro” y empezó a trazar el mapa de su propio imperio.
El viento rugía entre las almenas del castillo de Confrides, arrastrando el polvo dorado de la guerra y la ambición del consejero real, desde ese imponente enclave, próximo Sierra Aitana, contemplaba el conjunto de extenso valle que abarcaba: un inmenso litoral bañado por el Mediterráneo, poblaciones de interior asentadas en frondosos valles horto-frutículas, asentamiento enclavados en las cimas rocosas montañas y alquerías dispersas por todo el entorno. Con la mirada encendida y fija en el horizonte de aquellos que saben que su destino es labrar imperios, no seguir senderos ajenos, el consejero más leal del rey llegó a tierras valencianas con poco más que su acero y su ingenio.
Las Marinas se convirtieron en su principal tablero de ajedrez y con jugadas audaces, estrategias tejidas con la perspicacia de un hombre cuya mente era igual de afilada que su espada, tomó castillos, doblegó voluntades, extendió su dominio hasta el Reino de Murcia y se coronó señor de un vasto territorio. Jaime II de Aragón, cautivado por su habilidad y fidelidad, lo tomó como consejero íntimo, y juntos urdieron los hilos de la historia.
En estas tierras, donde el viento portaba ecos de resistencia y batalla, el hombre de acción se convirtió en el señor feudal, el estratega brilló como nunca y las fronteras del Reino de Valencia se extendieron llegó hasta las puertas del mismísimo reino de Granada.
Bernat de Sarrià no era un trovador de la época, no era un hombre de dulce poesía ni de gestos gratuitos. Cobrar deudas lo convertía en un arte cruel: ejecutado con precisión implacable y violentos métodos de tortura, por lo que sus enemigos aprendieron pronto a tenerle miedo. A partir de ese momento, su vida estuvo marcada por su astucia política, su valentía en el campo de batalla y su capacidad para expandir su influencia en la región.
Las Marinas, el señorío que brilló con más intensidad
Fue en Las Marina donde la estrella de Bernat de Sarrià brilló con mayor intensidad. Desde Confrides hasta Polop, desde Guadalest hasta Benidorm, su señorío se desplegó como una red en la costa, un dominio nacido de su perseverancia y su insaciable ambición. No era noble por nacimiento, sino por conquista. Su título, el de Barón de Polop, fue más que un reconocimiento, era el sello de una vida dedicada a la expansión de su linaje y su legado.
La vida de los grandes personajes históricos hay momentos en los que brillan las luces y otros en los que se ciernen las sombras, de justicia es, por tanto, contar sus valerosas hazañas y victorias, como también sus caídas y el declive que lastra hasta el final de sus días. Bernat sabía que el precio del poder era alto, que su influencia debía pagarse con lealtades y alianzas que, si alguna vez flaqueaban, lo llevarían al borde del abismo. La deuda, su enemigo silencioso, comenzó a cercarlo como una sombra persistente. Y aunque Jaime el Justo intentó protegerlo, ni siquiera el favor del rey pudo detener el destino que, poco a poco, comenzaba a cernirse sobre él.

El ocaso de Bernat de Sarrià estaba cerca, pero antes de caer, antes de que su legado se dividiera y pasara a manos ajenas, dejó grabada en piedra la prueba de su existencia: castillos, escudos, ciudades y tierras que aún hoy llevan su nombre, como testimonio de un hombre que, nacido bajo la modestia, supo erguirse sobre el mundo con una voluntad indomable.
La épica vida de Bernat de Sarrià, convertir su historia en un relato vibrante, digno de ser contado junto al fuego. No menos interesante es el opaco peregrinaje que envuelve de la crónica de la Carta de Poblament que, de su puño y letra, redactó, firmó y otorgó el propio de Sarrià, el 8 de mayo de 1325, acta fundacional de la villa de Benidorm, hace ahora 700 años. El último legado del barón de Polop.
Cénit de la vida política y patrimonial de Sarrià
El libro del Catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Alicante, José Vicente Cabezuelo Pliego: Formación y declive del estado señorial de Bernat de Sarrià en el Reino de Valencia s. XIII, estudia la forja y ruina del extenso patrimonio del fundador de Benidorm, particularmente el que se extiende desde Orihuela y Murcia hasta territorios más al norte del Reino de Valencia. Guadalest, Ayora, Algar, Almaçarof, Polop, Finestrat, Serra, Xirles, Sella, Serrella, Albalat, Tàrbena, Orxeta, Torres, La Vila Joiosa, Anna, Enguera, Benidorm, Calp y Altea son solamente algunas de sus propiedades, a las que deben sumarse barcos, aunque el número de tierras propiedad del fiel consejero real es mucho más amplio, cuando logra la condición de gran nobleza del reino, del que forman parte una élite exclusiva de apenas media docena de personas. En esos momentos es cuando comienza el cénit de la vida política y patrimonial de Sarrià.
El gran guerrero, capitán del ejército y almirante de la Armada de la Corona de Aragón no supo gestionar con certitud sus dominios. Desde el inicio de la creación de su patrimonio, el noble se fue endeudando en pequeños cantidades, pero cuyo resultado global era importante. “Jaime el Justo, entre la complacencia y la complicidad, intentó absolver a Sarrià de sus deudas por su capacidad militar, pero toda fórmula de reversión fue un fracaso. Ante todo ello, el noble opta por la venta de propiedades, atajando parcialmente el problema. La sucesión y deudas como elementos desencadenantes del declive del estado señorial, la herencia de Sarrià acabó en manos de Pedro de Ribargoza, hijo de Jaime el Justo, al carecer éste de herederos oficiales,” explica Cabezuelo.
Así terminó el viaje de Bernat de Sarrià. No con una derrota en el campo de batalla ni con la caída de su espada, sino con un pacto, con una firma, con el cierre de un ciclo que lo convirtió en uno de los nombres inmortales de la historia medieval.
La Carta Puebla de Benidorm
La Carta Puebla de Benidorm es el último reflejo de la grandeza y decadencia de Bernat de Sarrià, quien la redactó, estampó su nombre en el documento, le concedió derechos y privilegios a los nuevos pobladores cristianos de la villa, en un intento de consolidar su señorío y asegurarse que, más allá de sus deudas, su legado permanecería.
“La fundación de Benidorm no fue solo un acto administrativo, sino una jugada estratégica dentro del complicado tablero del Reino de Valencia. Bernat de Sarrià, consciente de los desafíos que enfrentaba su vasto señorío, tomó la decisión de consolidar la presencia cristiana en una región donde la población musulmana seguía siendo numerosa en el interior de Las Marinas,” subraya el Catedrático de Historia Medieval.

El objetivo principal de esta nueva villa no era meramente económico, aunque incrementar sus rentas y fortalecer su posición señorial eran factores clave. Más allá de eso, Benidorm debía ser un baluarte militar y un control fronterizo ante los posibles ataques procedentes del Reino de Granada y de los bereberes tunecinos. La costa debía estar asegurada, y la mejor forma de lograrlo era poblarla con cristianos dispuestos a defender la tierra en cualquier momento.
Bernat de Sarrià, al igual que hiciera en Villajoyosa años antes, sabía que el éxito de una villa dependía de su estabilidad y de la seguridad de su población. Benidorm nació con este propósito: no sólo como un asentamiento más, sino como un punto clave en la defensa del Reino.
El 8 de mayo de 1325, Bernat de Sarrià firmaba en Valencia, ante el notario Joan Cerdà, la Carta de Poblament de Benidorm, que supuso el nacimiento de la villa, hace ahora 700 años. El promontorio del Canfali sirvió como punto de partida del núcleo de la poblacional. “La documentación nos informa sobre la existencia de un castillo y de un pueblo de Benidorm, aunque ignoramos la fecha de su creación. Lo que sí está claro es que en 1325 Benidorm nace como villa cristiana,” indica Cabezuelo.

La importancia histórica del acta fundacional de Benidorm no reside tanto en la creación de una entidad física sino en el nacimiento de un municipio, de una entidad jurídica con capacidad de autogobierno limitada, dado que estaba sometida a la jurisdicción señorial. Esta entidad jurídica es la que ha continuado hasta nuestros días, a pesar de las numerosas transformaciones y adaptaciones que ha experimentado a lo largo de los 700 años de su historia. Benidorm nació con el evidente objetivo de consolidar el dominio de los cristianos en la zona sur del Reino de Valencia, en el centro de su litoral, lo que le aseguraba el dominio militar y comercial en el Mediterráneo. Su crecimiento demográfico y económico era garantía de paz y prosperidad para la comarca y para todo el Reino.
La Carta Pobla de Benidorm sigue la estructura tradicional de los documentos de su época, reflejando no solo la importancia jurídica de la fundación, sino también el fuerte componente religioso y estratégico que caracterizaba la expansión cristiana en el Reino de Valencia. Cada apartado de la carta cumple una función precisa, asegurando que la villa no solo naciera oficialmente, sino que lo hiciera bajo las normas y principios del feudalismo cristiano.
Libertades y normas económicas
Uno de los aspectos más interesantes de la carta es la flexibilidad en la posesión y transmisión de bienes. Los pobladores tenían libertad para comprar, vender y dar bienes muebles e inmuebles, una ventaja que promovía el crecimiento de la población y la estabilidad económica. Además, Sarrià garantizaba la seguridad en el transporte de bienes y mercancías, una medida clave para fomentar el comercio y el flujo de productos en el territorio.
A pesar de estas libertades, había una condición ineludible: aunque los propietarios no estuvieran obligados a residir en Benidorm, debían asegurar que sus viviendas estuvieran habitadas por cristianos. Esto responde directamente al propósito militar y estratégico de la villa, pues la presencia de una comunidad cristiana activa aseguraba la protección del territorio y evitaba la infiltración musulmana. No bastaba con poseer tierras, había que ocuparlas y defenderlas.
También se otorgaba libertad para la construcción de viviendas no solo dentro del casco urbano, sino en todo el término municipal, lo que incentivaba la expansión de la villa y reforzaba la ocupación efectiva del territorio.
El opaco peregrinaje de la Carta Pobla de Benidorm
La crónica del largo peregrinaje de la Carta Pobla de Benidorm es un reflejo de cómo los documentos medievales pueden perderse, recuperarse y reinterpretarse con el tiempo. Con cada copia, cada transcripción y cada publicación, la historia se mantiene viva, aunque los originales se diluyan con el paso de los siglos.
Según el catedrático, profesor emérito de la Universidad de Alicante y gran especialista medievalista, Rafael Alemany, “en la Edad Media eran habituales los conflictos bélicos y los incendios: bien pudo desaparecer como consecuencia de ellos, aunque no hay que descartar que aún perviva en algún archivo. Es algo habitual en los manuscritos medievales e, incluso, posteriores.”
En 1325, el almirante Bernat de Sarrià otorgó la Carta de Poblament de Benidorm, un documento fundacional que regulaba la vida en el territorio. Sin embargo, el pergamino original desapareció con el tiempo, posiblemente debido a conflictos bélicos o incendios, aunque no se descarta que aún pueda encontrarse en algún archivo.
En 1430, se realizó una copia fiel del documento original en latín, acompañada de una traducción al castellano del siglo XVIII. En 1944, el exalcalde Vicente Zaragoza Soria mencionó por primera vez la existencia de este pergamino en un trabajo inédito que obtuvo Mención Honorífica en los Juegos Florales de Benidorm. Según Zaragoza Soria, el documento estaba en posesión de Francisco Llorca Llorca, oficial de secretaría del Ayuntamiento de Benidorm, quien lo había adquirido en una librería de Madrid.
La historia del pergamino de la Carta Pobla:
1325: Bernat de Sarrià otorga la Carta de Poblament de Benidorm, estableciendo las bases para su población.
1430: Se realiza una copia fiel del documento original en latín, acompañada de una traducción al castellano del siglo XVIII.
1946: Vicente Llorca Zaragoza obtiene dos reproducciones fotográficas del pergamino de 1430. Una de ellas la entrega a Emilio Sáez, catedrático de Historia Medieval, con la intención de que edite y publique el texto, aunque esto nunca ocurre. La otra copia la entrega al contralmirante Julio Guillén Tato, miembro de la Real Academia Española y de la Real Academia de la Historia.
1952: Se documenta que el pergamino original aún está en posesión de Francisco Llorca.
Década de 1970: La reproducción fotográfica entregada a Guillén Tato permanece en el Museo Naval de Madrid hasta su traslado al Archivo Histórico de la Armada “Juan Sebastián Elcano”.
Actualidad: Gracias al interés de María José Guillén y las indicaciones del profesor Rafael Alemany Ferrer, se obtiene una copia acoplada de las fotografías originales, que ha servido de base para una reproducción ampliada del pergamino de 1430.
El texto original en latín de la Carta Puebla a partir de la copia manuscrita de 1521 es fundamental porque es el único manuscrito auténtico que se ha preservado. La versión de 1430 solo ha llegado a nosotros a través de copias fotográficas.
En cuanto a las novedades que aportó, permitió una mejor comprensión del contenido original del documento y su contexto histórico. Además, su publicación en 1988 en el libro: Carta de Poblament de Benidorm / Carta puebla facilitó el acceso a estudios históricos y paleográficos más rigurosos. También se incluyeron traducciones al valenciano y al castellano, realizadas por Rafael Alemany Ferrer, lo que ayudó a su difusión y comprensión.
Exactamente. La publicación del texto original en latín en 1988 fue un hito porque, hasta entonces, no se disponía de una versión editada en la lengua en que se redactó la Carta de Poblament. Además, en aquel momento aún no se conocía el pergamino de 1430 ni el destino de las fotografías tomadas en su día.
Sin embargo, en 1976, Pere M. Orts i Bosch había dado un paso importante al publicar una traducción al valenciano basada en la copia manuscrita de 1521, que él mismo descubrió en el Archivo del Regne de València. Esto permitió que la Carta Puebla fuera más accesible y comprensible para investigadores y ciudadanos interesados en la historia de Benidorm.
La historia de la Carta de Poblament sigue siendo objeto de estudio y exposiciónes, con documentos y reproducciones que permiten conocer su importancia en la fundación de Benidorm.
En la exposición: ‘La Carta de Poblament de Benidorm (1325) a través dels documents’, que acoge la Sala Luis Duart i Alabarta del Museu Boca del Calvari de la localidad, muestra comisariada por el propio Alemany, se explica la historia del acta fundacional del municipio a través de los documentos históricos que se conservan y que hacen referencia a la misma.

La muestra está compuesta por una recopilación de documentos y paneles que recogen, entre otros, las cuatro fotografías de una reproducción del pergamino original realizada en 1430; las distintas traducciones y ediciones que se han hecho sobre la misma; o todas las personas que, de un modo u otro, contribuyeron a recuperar e indagar sobre la historia de este documento.
*Reseñas – Anuario de Estudios Medievales.
Anuario de Estudios Medievales 54 (2) julio-diciembre 2024, 1503.
**Del libro del Catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Alicante, José Vicente Cabezuelo Pliego: Formación y declive del estado señorial de Bernat de Sarrià en el Reino de Valencia s. XIII, estudia la forja y ruina del extenso patrimonio de Bernat de Sarrià.