
Y eso es lo que les pasó a muchos marinos del Benidorm de los principios del siglo XX, que creyeron en sus sueños. Tras años de navegación, dado la vuelta al mundo varias veces, embarcados durante meses en grandes buques mercantes, les daba tiempo en sus ratos libre para echar la imaginación a correr y pensar, hilvanar ideas y conceptos, hasta llegar a una idea concreta: su pueblo no tenía nada que envidiar a muchos lugares es islas que habían visitado. Con una inmensa bahía y una isla en el centro, en cuyas profundidades se encuentra un ecosistema único; amplias playas de fina y blanca arena, acantilados y calas al abrigo de las cristalinas aguas de un Mediterráneo de intenso color turquesa; y un microclima único, con temperaturas suaves la mayor parte del año, Benidorm reunía todas las cualidades para ser un paraíso similar a los destinos del incipiente turismo que por aquel entonces empezaba a desarrollarse en el cono sur de América. La idea ahora sólo quedaba materializarla.
Pedro Cortés Barceló fue el primero que hizo realidad sus sueños. Después de haber dado varias veces la vuelta al mundo, enrolado durante 20 años como mayordomo, en un buque de Navieras Bilbaínas, pensó que su pueblo no tenía nada que envidiar a ninguno de los lugares e islas que había visto y visitado en sus viajes y materializó su idea. Un proyecto que culminó en 1926, cuando abrió las puertas del primer hotel de Benidorm, el Bilbaíno, un sueño del que no sólo salió exitoso Cortés Barceló sino toda la localidad que lo vio nacer. El establecimiento, todavía abierto, está en manos de la familia, que a lo largo de los años ha acometido diversas reformas.
El año que viene el Bilbaíno cumplirá 100 años, lo que significa que la aventura de Pedro Cortes Barceló no sólo fue un triunfo personal sino que sirvió de ejemplo para que otras familias de Benidorm invirtieran sus ahorros, procedentes de años de duro trabajo de los marinos en la mar, en la construcción de hoteles.
Entre 1926-1930, Benidorm era un pequeño pueblo de marinos y navegantes, capitanes en el antiquísimo arte de la Almadraba y de técnicos especializados, enrolados en las principales navieras del país. Viaje a viaje, vuelta al mundo tras vuelta al mundo, día tras día de navegación en alta mar, daban tiempo suficiente para que una mente visionaria e inquieta, intuyera las posibilidades que su pueblo ofrecía. En aquellos años en Benidorm apenas había construcciones, sólo las viviendas de las gentes del pueblo, concentradas, la mayor parte, en las calles más próximas a la Iglesia Parroquial y al Castillo. También existían casas que acogían a viajantes y, en su momento, casa de postas, pero hotel como tal no existió ninguno antes de construirse el Bilbaíno, aunque bien es cierto que, debido al turismo que generaba el balneario, muchos vecinos habían empezado ya a acoger huéspedes.

De hecho, ese oasis de la Naturaleza, el Benidorm casi virgen ya había cautivado las plumas de escritores e ilustres personajes que se habían dejado caer por este pueblo bañado por el Mediterráneo. Por poner un sólo ejemplo, aunque la lista es mucho más amplia, tenemos a Gabriel Miró Ferrer (Alicante, 28 de julio de 1879-Madrid, 27 de mayo de 1930), quien en una de las novelas cumbres de la Literatura castellana: Años y leguas, publicada en 1928, en un magnífico retrato de la época relata lo que un tal Sigüenza va encontrándose en su caminar. Uno de sus capítulos se titula: “Benidorm. Un extranjero. Callosa”, en él que describe:
“Benidorm sumergido entre azules perfectos mediterráneos. Una gracia, una felicidad inocente de claridades que, como la felicidad y la inocencia de los hombres, daba miedo de que se rompiesen. Azules nuevos, como recién cortados; azules calientes, azules de pureza. Esa pastosidad y esa levedad de la luz se originaban de la armonía de todo lo que constituye y es Benidorm, aun antes, mucho antes de serlo. Lejos, en el fondo, se estampan las grandes montañas, y desde allí hasta el pueblo nada contiene ya el vuelo combo del espacio”.

La genial descripción de Gabriel Miró no deja lugar a dudas del encanto y bellos atractivos que envuelven al lugar, a principios del siglo XX. Benidorm era un enclave envidiable, rodeado de una abrupta Naturaleza, con una inmensa bahía y una isla en el centro, en cuyas profundidades se encuentra un ecosistema único en el que convive una amplia fauna y flora marina, con variedad especies autóctonas; amplias playas de fina y blanca arena, impresionantes acantilados y calas, al abrigo de las cristalinas aguas del Mediterráneo de intenso color turquesa; y un microclima, que proporciona temperaturas suaves la mayor parte del año. Un paraíso similar a los destinos del incipiente turismo que por aquel entonces empezaba ya a desarrollarse en el cono sur de América, en ciudades como, por ejemplo, Valparaiso (Chile).
La época de mayor desarrollo
La inauguración del Marconi supuso un antes y un después en la historia de Benidorm. La idea de Cortés Barceló fue secundada por otras muchas familias que, con los ahorros que tenían del duro trabajo desempeñado por los hombres en el mar, apostaron por construir hoteles. De esta forma, además de tener una fuente de ingresos fija, los hombres no se tenían que marchar a la mar durante largos periodos de tiempo, con los riesgos que estos trabajos acarreaban.

Así 20 años después, a finales de la década de los 50, principios de los 60, los visitantes -o para decirlo en términos de la época, veraneantes- seguían recreándose en aquella imagen de Benidorm, de lugar paradisíaco, una especie de paraíso perdido de playas blancas y mar azul, en un oasis de palmeras. Esa era la imagen también de muchos enclaves y playas del Caribe que nuestros marinos traían en mente.
En pocos años, la localidad se convirtió uno de los principales puntos turísticos del Mediterráneo. ¿Cuáles fueron las causas de ese despegue tan rápido? En la ciudad de sky line se barajan varias teorías, según a quién preguntes, pero si hablas con los descendientes de aquellos marinos pioneros que creyeron en Benidorm como destino turístico, fuente de riqueza para todo el pueblo, lo tienen muy claro. Por ejemplo, Ángela Barceló, nieta y bisnieta de navegantes, cuando la pregunta es directa, la respuesta es contundente: ¿Qué le debe Benidorm a los hombres de la mar? “Se lo debe todo. Ellos venían con la mente más abierta tras visitar infinidad de lugares, en sus largas travesías habían conocido muchos países y lugares en los que el turismo ya era importante y llegaban con una visión más abierta y emprendedora” -y añade-, “por supuesto el Benidorm de hoy es, quizás, lo que ellos soñaron que sería su pueblo en un futuro.”

Ángelaes nieta de Miguel Barceló Martínez, oficial radiotelegrafista de la “Compañía Trasatlántica” durante más de 20 años, quien, a su vez, fundó, hace ahora cien años, el segundo hotel que abrió sus puertas en Benidorm: “Mi abuelo fundó el hotel Marconi y supongo que sabía lo que se hacía, pues 100 años después sigue funcionando y lo lleva la familia. Es más, años después de jubilarse, construyó otro hotel, El Rosaleda, justo al lado del Marconi.”
Iniciativa privada y apoyo institucional
El despegue turístico de Benidorm entre 1954 y 1964 fue tan rápido que supuso una profunda transformación en el pueblo, tanto en el aspecto urbano como en sus costumbres. En un primer momento, en los albores de la década de los 50, se trabajó especialmente en el ornato público, con la finalidad de acabar y mejorar la urbanización de espacios emblemáticos, como el paseo de la Playa de Levante; otro de los problemas endémicos a los que la administración se tuvo que enfrentar durante esta etapa fue al problema del abastecimiento de agua que debía solucionar de inmediato, ante una demanda cada vez más creciente año tras año.

En 1955, el gobierno municipal, con su alcalde a la cabeza, Pedro Zaragoza Orts, y un excelente equipo de técnicos, era consciente de que Benidorm iba creciendo y era preciso elaborar un plan urbanístico que ordenase el crecimiento futuro del municipio. Aquellos trabajos culminaron en el archi conocido Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de 1956 que, por primera vez, fijaba el trazado del Benidorm actual. A finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, este ordenamiento urbano, en principio no contemplaba la construcción de rascacielos. Se trataba de una concepción más horizontal que vertical, en una línea más clásica edificios de baja altura, de acuerdo con los que se estaban construyendo: apartamentos, grupos de chalés y hoteles.

A principio de los años sesenta existía la conciencia generalizada de que la ciudad que se había planificado pocos años antes no era viable, al menos con sus parámetros iniciales de horizontalidad y baja densidad en primera línea. Las dificultades para conseguir la apertura de calles y conseguir rápidamente la cesión de suelo público con el fin de conectar el alcantarillado a un colector general, resultaba tan acuciante que hubo que cambiar de estrategia. En 1963, se retoca el Plan General y se reforman las ordenanzas, lo que supone marcar un giro en la concepción de la localidad, que a partir de entonces se iba a transformar en vertical, con la construcción ese mismo año del primer rascacielos de Benidorm (el edificio Frontalmar), con el que se empieza a dibujar la imagen que se ha convertido en su distintivo de marca: “la ciudad del sky line.”
Nueva promoción de la ciudad
En el adverso y reverso de la misma moneda estaba la lucha por solucionar las necesidades internas de una población estable y los derivados de hacer una promoción que consolidase el turismo. En el primer aspecto debían solventarse cuestiones como la vivienda o la educación; en el segundo, en el apartado promocional, se pusieron en marcha iniciativas como Festival de la Canción en 1959 o la construcción de la Plaza de Toros, inaugurada en 1962.
La recuperación y modernización de los trasportes impulsan la llegada de visitantes europeos. Los principales atractivos turísticos eran las hermosas playas mediterráneas, el sol y la imagen de unas palmeras que en los gélidos países de Centroeuropa asociaban con idílicas estampas de oasis al borde del mar.

Al mismo tiempo, los Turoperadores británicos que empezaban a traer grupos de turistas al aeropuerto de Manises (Valencia), años antes de la apertura del aeropuerto del Altet; a finales de los 50, el turismo nacional era residual e inicia su gran despegue a partir de 1964, cuando España supera a Italia y se convierte en el lugar más visitado del mundo. A su vez nuestro país se centra en captar el interés del turismo de masas procedente de Europa y en el propio mercado nacional.
En una década se construyen más de 66 hoteles
*Fue el comienzo de una nueva etapa de turismo en familia, una década prodigiosa en la que los hoteles contribuyeron a fijar el precio del mercado. En Benidorm se abrió una nueva generación de hoteles y hostales a partir de 1950, como el Hostal La Mayora, el Hotel Costablanca y L`Illa (1953), el Avenida, el Benidorm, el Madrid (1954) o los hoteles Les Dunes, Victoria y Sarvacho (1955), Easo, El Palmeral, España, Europa, Mediterráneo y Stop (1956), en un proceso creciente que lleva a la apertura del Ancora, Brisa, La Paloma y Sol (1957), Los Alamos, Planesia y Regina (1958), Mónaco, Los Pinos y Bristol (1959) y continúa en la década siguiente con el Colón, Canfali, Fontanella y Delfín (1960-61), Agir y Voramar (1962) Teremar y Mistral (1963) hasta 1964, en que se comienzan a construir el Montesol, Los Pinos, Mayna, Beni-Algar, Tres Coronas, Bernia y Corregidor, así como otros numerosos hostales y pensiones, que en 1965 sumaban 66 establecimientos hoteleros de comprendían todo el espectro entre los hoteles de lujo a las pensiones de tercera, según el nomenclátor del momento. Estos establecimientos se añaden a los que ya se habían abierto veinte o treinta años antes, como el Hotel Bilbaino (1931), el Levante (1933), o el Marconi (1934) que, a su vez, se habían sumado a otros establecimientos veraniegos como La Fonda de la Casa de Baños y los más antiguos, como el desaparecido Hostal de la Plaza o el primitivo Hostal La Mayora.
Los nuevos hoteles de finales de los sesenta compartían paisaje, plácidamente, con los chalés de los veraneantes de larga tradición, pero venían a llenar un vacío que también ponía su punto de mira en nuevas clases medias motorizadas, que llegaban en su propio utilitario y atraía, sin lugar a dudas, a otra clase media, también motorizada, que era un turismo de procedencia centro europea -alemanes y franceses-, que buscaban buena calidad a precios asequibles.

En aquellos años de finales de mil novecientos cincuenta y principios de los sesenta, los visitantes -o para decirlo en términos de la época, veraneantes- podían pasar en Benidorm los tres meses que duraba la temporada alta. Gracias a los hoteles, se creó un ambiente opuesto a la idea clásica de una ciudad estival.
Ángela Barceló, gerente de Les Dunes, explica cómo se vivían esos años: “En 1957 mis abuelos maternos, el médico Miguel Martorell y su esposa Rosa Llorca, abrieron el Hotel Les Dunes, se inauguró con tres plantas, años después se le añadieron dos más. Todas las habitaciones tenían baño completo y terraza. La comida era a la carta y los camareros, perfectamente uniformados, la servían en mesa. Al hotel se accedía por una gran escalinata que daba a una amplia terraza en la que se encontraba el comedor exterior, la piscina y un bar. Entonces estaba muy diferenciado lo que era la recepción y la conserjería. Los clientes llegaban y el equipaje lo subían a las habitaciones los llamados ‘botones’.” Esta definición habla por sí sola de la categoría de este hotel, ubicado en primera línea, y del tipo de clientela que tenía en la época.

El gran despliegue turístico de los años setenta, cuando se dio un giro cuantitativo y cualitativo al sector turístico afectó directamente a la planta hotelera. Según Barceló: “Al principio los hoteles eran más familiares; sin embargo, a finales de los años 60 y principios de los 70 ya empezaron a construirse establecimientos más grandes y entraron los tour operadores”.
Turismo de masas y ‘senior’
No es coincidencia que a principios de los años 70 mejoren las comunicaciones: en 1970 se construye el aeropuerto de Alicante y en 1975 la Autopista, AP-7.
A finales de los años 60, principios de los 70, España ofrece a los turistas europeos una mejor relación calidad-precio, más económica que la de sus vecinos italianos y franceses. Se está preparando para la llegada del turismo de masas.
A su vez, aumenta la inversión de empresarios y turistas europeos cuyo objetivo no es otro que la compra de casas y tierras baratas en áreas turísticas. En Benidorm desde los años 80, cerca del 80% de la planta hotelera está abierta en invierno, por la calidez de su clima y la demanda la conforman jubilados europeos pero, principalmente, españoles.

Si el año pasado Benidorm era reconocido como el destino más accesible de España durante la Feria Internacional de Turismo de Madrid (Fitur) que se ha celebrado durante toda esta semana, en este 2025 la ciudad se convierte en el primer destino en certificar su compromiso con las personas mayores de la mano de AENOR.
Según el alcalde, Toni Pérez, “con esta certificación, damos un paso más en nuestro compromiso con la inclusión social y la calidad de vida, especialmente de un colectivo como el de nuestros mayores, que siempre se ha sentido muy bien recibido y atendido en Benidorm, un destino y una ciudad que en los últimos años ha promovido la implantación y despliegue de servicios, infraestructuras y proyectos para mejorar la atención a residentes y turistas senior, así como un modelo de turismo que prioriza la experiencia y el bienestar de todos sus visitantes”.
Pérez ha subrayado que “con esta certificación, Benidorm pretende combatir de manera activa el edadismo, un fenómeno que margina y excluye a las personas mayores, y que, por tanto, choca frontalmente con nuestra filosofía de ciudad y de destino abierto y acogedor” -y ha añadido-, “históricamente Benidorm ha sido un refugio para las personas mayores, tanto turistas como residentes, por su modelo urbano accesible, por su oferta de servicios y también por su clima”.

Durante la presentación, se han dado a conocer los últimos datos de Eurostat, que recogen que el porcentaje de personas mayores de 65 años en la población europea sigue en aumento y alcanzará un 30% para 2050. Ante este escenario, “Benidorm asume el reto de adaptarse a las necesidades de este importante segmento demográfico, que actualmente representa más del 21% de la población a nivel europeo y el 24% en España”.
Pérez ha recordado que “el gasto promedio de los turistas senior es un 15% superior al de otros grupos de edad” y que este hecho, unido a que los viajeros mayores son los que disponen de mayor disponibilidad de tiempo para adecuar las vacaciones a sus intereses personales y a que eligen periodos de temporada media o baja para huir de aglomeraciones, convierten a este grupo poblacional en “la llave de la desestacionalización de la demanda turística”.
Por ello, a lo largo de estos últimos años, el tejido empresarial ha ampliado y renovado prácticamente toda su oferta hotelera; las compañías turísticas internacionales acaparan el mercado español, los tour operadores controlan una gran parte de la oferta hotelera, así como de diversos productos y servicios turísticos. A pesar de ello, muchos de los descendientes de aquellos primeros marinos que invirtieron sus ahorros en la construcción de hoteles han sabido mantener e incrementar el legado de sus abuelos y bisabuelos, que aún hoy están manos de la familia.

Actualmente, Benidorm cuenta con una población de 74.663 habitantes, según datos del Instituto Nacional de Estadística, y se ha convertido en uno de los destinos turísticos de sol y playa más tradicionales y demandados de España. Los hoteles de Benidorm alcanzaron una ocupación media de un 81,1% el pasado 2024, según datos de la patronal hotelera Hosbec en su balance anual, en el que, además subraya que la localidad “reafirma su posición como icono turístico de referencia, por encima del 80,4% de 2023, y lo hace, demostrando su capacidad para diversificar su oferta más allá del tradicional ‘sol y playa’”, que suponen alcanzar la nada desdeñable cifra de más de 16 millones de pernoctaciones anuales.
El Benidorm Fest deja 2,5 millones de euros en 2024
Líneas arriba les he hablado de cómo quedó prendado Pedro Cortes Zaragoza de la pequeña bahía de la playa de Valparaíso, en Chile, que le recordó mucho a Benidorm. Fue entonces cuando se le ocurrió la idea de fundar un hotel que emulara ese ambiente en su propio pueblo. ¡ Y, coincidencia o no, años más tarde, con importantes Festivales de la Canción de por medio ambas localidades llegaron hasta a hermanarse !
Cuando apenas faltan unos días para que se inicie la cuarta edición del Benidorm Fest, un informe de la Cátedra de Estudio Turísticos ‘Pedro Zaragoza’ indica que el festival disparó el año pasado su impacto económico, tanto el directo como el indirecto. Así lo ha El alcalde, Toni Pérez, ha dado cuenta de las conclusiones de este informe en Fitur.

El informe de ‘Estimación del impacto económico y mediático’ del festival constata éste dejó el pasado año 2,5 millones de euros en Benidorm, lo que supone “un crecimiento de más del 65% respecto a la primera edición”. Ese impacto directo en la localidad procede de “la demanda, es decir del público que ha acudido al evento principal y demás actuaciones paralelas como pueda ser el Euroclub que organiza el Ayuntamiento o el ‘Tapa Fest’”.
Según el desglose recogido en el informe, en todos los sectores hubo “un aumento considerable de la actividad respecto a las semanas anteriores y posteriores y también respecto al mismo periodo del año de 2023, en el que los porcentajes de mejora ya fueron destacados”. El crecimiento medio en el conjunto de los sectores respecto a la semana previa al evento fue del 19,87%.

El informe apunta, además, que en términos de ocupación el Benidorm Fest 2024 atrajo a más de 1.700 turistas, con un gasto medio diario de 234 euros. A ellos se sumarían las personas que se desplazaron a Benidorm atraídos por la programación paralela al festival pero que no pernoctaron en la ciudad, y que en conjunto realizaron un gasto medio de 62 euros al día.
A partir de todas estas cifras, el estudio establece que el impacto económico directo del Benidorm Fest 2024 en la localidad fue de 2.568.762 euros, frente al 1.493.214 euros de la edición anterior. Estos 2,5 millones de euros sirven, en palabras del informe, “para compensar la inversión monetaria realidad por el consistorio local, que se sitúa en 250.000 euros y también la parte de la financiación autonómica”.

Durante la presentación de estos resultados, el alcalde ha indicado que “el retorno del Benidorm Fest es muy significativo y llega a todos los sectores de la ciudad”, al tiempo que ha destacado que “a ese impacto económico directo se añade el mediático y en redes sociales, que prácticamente se ha triplicado respecto a la edición anterior hasta alcanzar un nivel que no habíamos imaginado cuando de la mano de RTVE y la Generalitat Valenciana nos embarcamos en esta aventura”.
Concretamente, el impacto económico en noticias digitales, webs, blogs y redes sociales del Benidorm Fest 2024 fue de 208 millones de euros, “muy superiores a los 54 millones de euros de la edición de 2023”, según destaca el estudio. A estos se añaden los 17.723.013 euros procedentes del impacto en prensa y televisión, hasta hacer un total de 225.873.481 euros, frente a los 80,5 millones del año anterior.

Al margen de esa estimación económica del impacto mediático, el estudio asegura que la exposición que supone para la ciudad el evento, que llega hasta la cita eurovisiva de mayo, “facilita que la actividad empresarial de Benidorm se mantenga elevada durante más periodos del año, aumentando la cercanía e interés hacia nuevos públicos objetivos”.
“Hablamos por tanto de un evento -ha asegurado el alcalde- que proyecta la imagen de Benidorm más allá de los días de su celebración y que abre la posibilidad de atraer nuevos segmentos de público y, en consecuencia, de turistas, generando así nuevas oportunidades”.
El primer edil ha señalado que “estos valores económicos y de proyección que dejó el Benidorm Fest 2024, que en estos momentos parecen casi imposibles de batir, nos hacen reafirmarnos en nuestra apuesta y encarar con expectativas e ilusión una nueva edición, que en menos de una semana volverá a colocar a la ciudad en el centro de la atención mediática y digital”.
Destino con amplia oferta para disfrutar los 365 días del año
Además, Benidorm ha estrenado en Fitur su título de destino ‘Pionero Verde de Turismo Inteligente 2025,’ concedido recientemente por la Comisión Europea en atención al compromiso excepcional de la ciudad para dar forma al futuro del turismo sostenible e innovador, distintivo que ha logrado en la categoría de municipios con menos de 100.000 habitantes.
Además, en Fitur se ha dado el pistoletazo de salida a la promoción de este distintivo, los hitos y buenas prácticas que le han valido a Benidorm este reconocimiento, que evidencian que, desde la gestión inteligente, un destino como el nuestro, con más de 16 millones de pernoctaciones anuales, puede ser sinónimo de cuidado del territorio y de sus recursos.

Una oferta que, además, este año se completará con un reconocimiento y una celebración que también van ser objeto de numerosas actividades para situar a Benidorm aún más en el foco: la concesión de la distinción como destino Pionero Verde Europeo del Turismo Inteligente, por parte de la Comisión Europea.
Así está previsto la participación de Benidorm en los Spain Talks que Turespaña organiza en diversas ciudades europeas y en los que se expondrán otros datos que confirman la sostenibilidad del destino, como sus 9,5 kilómetros de calles peatonales; los más de 130 de carriles-bici; la reducción del consumo de agua en un 18% en los últimos 25 años, a pesar del aumento de la población en un 40% y de las pernoctaciones turísticas en un 26%; o las 172 hectáreas de posidonia de su bahía, capaces de generar más de 3.600 toneladas de oxígeno.”
También durante 2025 tendrán gran peso los ‘planes B’ en el ámbito cultural. No en vano, durante todo el año se van a suceder ciclos o festivales de gran renombre, que van a traer hasta Benidorm a grandes figuras nacionales e internacionales en disciplinas como la música, el teatro, la danza o el cine, así como otros eventos de menor repercusión pero que también son interesantes y pueden ser muy atractivas dentro del segmento de la oferta complementaria.
Por lo que se refiere a grandes festivales de música, la primera y más sonada cita será la próxima edición del Benidorm Fest; junto a éste, la localidad acogerá otros grandes conciertos o festivales, como la retransmisión de la final de Eurovisión, el 17 de mayo; el Homenaje a la Ruta, que tendrá lugar el 7 de junio; el Low Festival, que se desarrollará del 25 al 27 de julio, y que este año conmemora su XV aniversario; y el Iberia Festival, cuyas fechas oficiales aún están por desvelar.

En cuanto al calendario deportivo, éste se estrenó con éxito el pasado fin de semana, con la Copa del Mundo de Ciclocross. “Nuestra apuesta por las grandes competiciones deportivas es una de las estrategias que está dando mejores resultados”, ha manifestado Pérez, “y el mejor el ejemplo ha sido nuevamente esta etapa de la Copa del Mundo que por tercer año consecutivo hemos albergado en los parques de Foietes y El Moralet”, con más de 15.000 entradas vendidas y una proyección nacional e internacional de la ciudad “sin parangón”.
Además de esta competición, Benidorm será el escenario de más de una veintena de grandes pruebas deportivas que se van a celebrar durante este 2025, en la que está prevista la participación de más de 45.000 deportistas, asistentes y acompañantes llegados de todo el mundo. Campeonatos autonómicos, nacionales, europeos o internacionales y que, como ya ocurrió en 2024, abarcarán disciplinas como los dardos, basket, fútbol, fútbol sala, taekwondo, nado, ajedrez, atletismo o motos de agua, entre otras.
Y un año más, Benidorm volverá a ser sede de eventos tan consolidados como la Costa Blanca Cup, en la que del 6 al 12 de julio van a participar unos 5.000 jugadores y cerca de 300 equipos de fútbol base que llegarán de más de una veintena de países; o la Benidorm Half que tendrá lugar el 22 de noviembre, con las pruebas de 10K y 21K y en la que participarán más de 6.500 corredores, más de un 30% procedentes de Reino Unido.
Asimismo, el Skyline Film Festival desplegará su particular alfombra roja, en este caso como escenario de un certamen dedicado al ‘hermano pequeño’ del séptimo arte, que este año celebra su novena edición, un certamen ya consolidado, referente dentro del sector de la producción de cortometrajes en nuestro país, y se desarrollará del 29 de marzo al 5 de abril.
Benidorm también celebrará por todo lo alto este 2025, el 700 aniversario de su fundación, con la concesión de su primera Carta Pobla en 1325, para ello ya se está trabajando en la organización un amplio programa de actividades, aún por cerrar.

¡Y seguimos avanzando! Porque lo que allá por los albores del siglo XX comenzó siendo una idea, la aventura de Pedro Cortés Barceló de abrir un hotel en su pueblo tuvo tal éxito que fue emulada por muchos vecinos y el devenir de la historia les dio la razón a estos marinos, pues en menos de 30 años, Benidorm se transformó en un icono del turismo de ‘sol y playa’. Cien años después, el pequeño pueblo mediterráneo de los años 20, que con tanto mimo describiera Gabriel Miró en uno de los capítulos de su magistral libro Años y leguas, se ha convertido en la locomotora del Turismo de la Comunidad Valencia y en uno de los municipios que más aporta al PIB nacional.
Las ideas no sirven de nada sino se materializan, se trabajan y se invierten, por ello Benidorm no para en su lucha diaria por fidelizar y ampliar su clientela; ampliar el abanico de su oferta de ocio; lidiar con los grandes tour operadores por mantener una buena relación calidad/precio; y, sobre todo, seguir impulsando la promoción de la localidad hacia nuevos segmentos de mercado.

Su potencial, además de su amplia y variada oferta como principal destino turístico de España, una planta hotelera media anual de unos 120 hoteles, lo que se traduce en que Benidorm dispone de más de 41.000 plazas hoteleras, según HOSBEC. Por su parte, el número de apartamentos turísticos reglados se eleva a 9.502. ¡Y eso en apenas un siglo! ¿Alguien da más?
*Datos extraídos del libro del arquitecto local, Juan José Chiner, editado por el Ayuntamiento de Benidorm en 2005, con motivo de la exposición: Los hoteles del Paraíso, 1954-1964.
Felicidades, Belén, por tu extenso reportaje que me trae ecos y recuerdos de construcción de la ciudad de Benidorm que ahora tenemos y que sigue creciendo.
Recuerdo a los mayores de Polop – yo era un crío de apenas 4 años – conversar sobre la conducción de agua del pozo de Rabasa a Benidorm. Recuerdo… En fin, recuerdo porque revivo, porque vivo de nuevo secuencias de la historia de mi vida inmersa en la de este conjunto.
Gracias, Belén.
Muchísimas gracias Roque por tu grato comentario. Tus recuerdos, como ya sabes, en alguna ocasión me han servido de inspiración para escribir un reportaje y en esta ocasión más, pues aún perviven en mi memoria aquellos viajes a Polop cada semana, en el Renault 6 de mi padre, en cuyo maletero nos acompañaban grandes garrafas de plástico, de hasta 12 litros, que llenábamos en la Plaza de Los Chorros, para aprovisionarnos de agua potable durante la semana. Un fantástico viaje a la historia el que planteas en tu comentario y a la generosidad que siempre ha existido entre los pueblos de la Marina Baixa, comarca en la que, desde mi humilde punto de vista, ya no existen demarcaciones geográficas pues apenas las distancias entre las distintas localidades se han acortado y mucho. Un tema, Roque, el del agua o el del cómo solucionó Benidorm su problema para abastecer de agua a una población que iba creciendo, día a día, del que espero hablaremos pronto. Un beso muy grande.