
Queridos blogueros, mucho antes de que Benidorm fuera sinónimo de grandes escenarios y noches interminables, hubo canciones que marcaron su destino. Hoy quiero recordar el origen de una relación para entender por qué seguimos bailando. Benidorm no siempre fue ruido, neón y ritmo acelerado.
En el centro de todas las salsas
Hubo un tiempo, finales de los años cincuenta, en que la ciudad aprendía a cantar casi al mismo tiempo que aprendía a soñar. El Festival de la Canción de Benidorm, nacido en 1959, no fue solo un certamen musical: fue una declaración de intenciones. España miraba al futuro, y Benidorm quería hacerlo con música.

En aquellos primeros años, el festival se celebraba con la elegancia de la época, entre trajes impecables, orquestas en directo y melodías pensadas para durar toda una vida. Canciones como “Un telegrama”, interpretada por Monna Bell, se convirtieron en auténticos himnos populares. Por su escenario pasaron nombres que hoy forman parte de la historia de la música española: Raphael, Julio Iglesias, Karina, Dúo Dinámico, Bruno Lomas, Torrebruno o Víctor Manuel, cuando aún todo estaba por escribir.
Mientras las canciones competían por quedarse en la memoria, Benidorm crecía alrededor del festival. Los años sesenta y setenta trajeron turistas, hoteles, modernidad… y noches cada vez más largas. Tras las galas, artistas, músicos y visitantes prolongaban la velada en bares, salones de hotel y locales que empezaban a marcar una nueva forma de divertirse. La música abandonaba el escenario y se mezclaba con risas, copas y conversaciones interminables frente al mar.
Fue entonces cuando Benidorm descubrió que el espectáculo no terminaba nunca, solo cambiaba de lugar.

Las mejores pistas de baile
En los años 70 y 80, mientras el Festival de la Canción empezaba a perder protagonismo, la noche de Benidorm vivía su propia revolución. La ciudad se convirtió en un laboratorio de ocio donde convivían turistas europeos, artistas nacionales y una juventud dispuesta a bailar hasta el amanecer.
Nacieron o se consolidaron discotecas que hoy son leyenda. Penélope, con su elegancia y sus grandes noches de espectáculo; KM Playa, símbolo de libertad frente al Mediterráneo; Scandal, Ku, Privilege o Manhattan, donde el glamour, la provocación y la música internacional se daban la mano. Más tarde llegarían templos como Pacha Benidorm, Hippodrome, Bahía, Morgan’s, Rockefeller o Discoteca KU Benidorm, cada una reflejo de su tiempo.
La música ya no era solo canción melódica: llegaban el pop, el disco, el rock, el house y la electrónica. Benidorm se adaptaba sin miedo, como siempre lo había hecho. Donde antes sonaba una orquesta, ahora sonaba un DJ. ¡Pero la esencia era la misma: hacer sentir!

El espectáculo vuelve con el Benidorm Fest
Y entonces, décadas después, cuando parecía que todo estaba dicho, Benidorm volvió a mirar al escenario con ambición. En 2022 nació el Benidorm Fest, heredero espiritual de aquel festival clásico, pero adaptado al siglo XXI. Pantallas gigantes, redes sociales, estética moderna y artistas de una nueva generación. Chanel, Blanca Paloma, Nebulossa, Rigoberta Bandini, Tanxugueiras… nombres que conectan con otro público, pero con la misma ilusión de siempre.

El Benidorm Fest no solo recuperó la música en directo como protagonista, sino que devolvió a la ciudad ese ambiente eléctrico que solo se vive cuando hay algo importante en juego. Benidorm volvió a ser capital musical, punto de encuentro, escaparate internacional.
Y como en los viejos tiempos, cuando se apagan las luces del auditorio, la noche continúa.
Una ciudad donde todo se enlaza
Durante los días del Benidorm Fest, las discotecas vuelven a latir con fuerza. DJs, fiestas temáticas, after-parties improvisadas. Artistas y público se mezclan. La música salta del escenario a la pista de baile, del micrófono al altavoz, del aplauso al movimiento del cuerpo.
Eso es lo que hace única a Benidorm: nunca ha separado la cultura de la diversión, ni el arte del ocio. Aquí una canción puede empezar como balada, transformarse en remix y acabar siendo un recuerdo imborrable a las seis de la mañana.

Desde el Festival de la Canción de los años sesenta hasta el Benidorm Fest del presente, pasando por décadas de discotecas míticas y noches infinitas, Benidorm ha mantenido una relación fiel con la música. Una relación romántica, intensa y sin complejos.
Porque en Benidorm la música siempre ha tenido un lugar especial.
Y la noche, como el amor verdadero, nunca ha sabido terminarse.
Benidorm sigue ahí, fiel a su promesa.
Con canciones que aún flotan en el aire, con noches que no han aprendido a apagarse y con una ciudad que invita, sin palabras, a quedarse. Quien llegue con los sentidos abiertos descubrirá que aquí la música no es pasado ni presente: es un estado de ánimo.
Y quizá, sin darse cuenta, el lector acabe formando parte de esta historia interminable.