
Las famosas tertulias de los cafés madrileños de los años veinte no siempre acababan con un “estrechón de manos entre caballeros”, más bien al contrario, acalorados debates iban subiendo de tono en proporciónal consumo de copas de chinchón o anís, sinónimo de largas sobremesas, que podían prolongarse hasta la madrugada, y degenerar en grotescas peleas. En uno de estos lamentables episodios, Manuel Bueno la emprendió a bastonazos contra Ramón María del Valle-Inclán, que se llevó la peor parte en el brazo izquierdo que acabó engangrenado y finalmente amputado. ¿Quieren saber lo que ocurrió? ¿Desean conocer lo que unió estrechamente a Tomás Orts Ramos con el creador del “esperpento”, dos genios del panorama nacional a caballo entre los siglos XIX y XX? ¡Pues acompáñenme que nos vamos a tomar un café«.
La leal amistad entre escritor de Benidorm y el creador del «esperpento»
En los cafés madrileños de principios del siglo XX, se gestaban ideas, departía de política y se vivía la noche literaria hasta el final. En la bohemia española Miguel de Unamuno y Ramón María Valle-Inclán fueron dos de la figuras más representativas de un movimiento cultural, que encontró en las tertulias de los cafés madrileños de los años veinte su «leitmotiv», a las que acudía la flor y nata de la intelectualidad de la época. Horas de café, copa y puro en mano, que se prolongaban hasta la madrugada en las que intelectuales y escritores compartían espacio y tiempo con truhanes y “golfos” madrileños, que vivían del cuento o de dar un “buen sablazo” al incauto parroquiano que se cruzara en su camino.

A bastonazos con Valle-Inclán
Desde antiguo las tertulias literarias siempre han sido el punto de reunión de las cabezas pensantes de la nación, a los cafés acudían las lumbreras del panorama patrio como los mosquitos a la luz de la bombilla para hacerse ver y notar, allí expresaban sus ideas, más o menos absurdas o consecuentes, con mayor o menor sentido y congruencia, nuestros abuelos y bisabuelos, incluso tatarabuelos, de esta manera se hacían oír entre el humo de los puros, las copas y cafés, en ocasiones con gravedad, porque en este país, por desgracia, siempre hemos pensado que el que más alza la voz más razón tiene. En ocasiones la cosa llegaba a mayores, como ocurrió aquella tarde de julio de 1899 en el Café de la Montaña sito en la Puerta del Sol de nuestra villa y corte, donde llegaron a las manos, a los bastonazos, mejor dicho, el director de teatro y escritor Manuel Bueno y Valle-Inclán, llevándose éste la peor parte.

El creador del esperpento no necesitaba mucho para calentarse, era persona temperamental e intransigente, obcecado como un mulo viejo, su voz era poderosa y valiente, más, en aquella ocasión se encontró con la horma de su zapato. Mientras discutían sobre el valor de españoles y portugueses en diferentes enfrentamientos la cosa se fue subiendo de tono y, de las descalificaciones y los insultos se pasó a la acción. Manuel cogió el bastón y golpeó con dureza y saña al gallego, éste, tratando de defenderse el rostro, alzó el brazo izquierdo con tan mala fortuna que uno de los golpes fue a dar en el gemelo de la camisa que se clavó en su muñeca -posiblemente también le dañaría el hueso-, otro golpe fue a estrellarse en la cabeza, donde le causó heridas que sangraban con cierta libertad. El resto de tertulianos y observadores, viendo la cosa fea, se escurrió entre el tumulto y, el único que quedó para socorrer al gallego fue nuestro paisano Tomás Orts, quien le llevó a un médico amigo suyo del mundo taurino, al más socorrido que hallaron, pues ninguno de los dos andaba sobrado de posibles para asistir a un hospital en condiciones: ¡Por desgracia esa ha sido siempre la lacra y miseria de los genios en esta tierra! El médico, igual molesto por tales trabajillos y tan mal compensados, le curó la herida de la cabeza que parecía ser la que revestía mayor gravedad mientras, la de la muñeca, la tapó con una simple tirita de tafetán inglés. Así los despachó el buen galeno. A resultas que, la herida del brazo se le infectó, desembocó en gangrena y hubieron de amputarle el brazo al bueno de Valle-Inclán tres semanas después del incidente.
Nuestro paisano, Tomás Orts, vio tan desvalido al gallego que decidió llevárselo a Barcelona, donde tenía su residencia y trabajo, y, de esta manera, podía asistirle y ayudarle durante su convalecencia. Lo alojó en su casa con toda la comodidad posible, curando su herida y atendiéndole en muchos de los menesteres que su amigo precisaba. Leían, escribían, hablaban y comentaban muchas ideas. Trabajaron juntos en diferentes traducciones, en franca camaradería, había que traerse el sustento a casa. Había ocasiones en las que Valle-Inclán observaba el hueco que dejaba su, ya inexistente, brazo izquierdo y decía: “no importa, escribo con el derecho”, parecía conformarse. Aún asistieron a alguna tertulia en la ciudad condal, más, cuando al creador de “Luces de Bohemia” se le subía la sangre al copete, Tomás acudía en su auxilio y lo acompañaba a casa.


La templanza mediterránea de Tomás Orts
Tomás Orts Ramos nació en Benidorm el 11 de mayo de 1866, sus padres, Tomás Orts Aixa, conocido comerciante, y su madre, Francisca Ramos Toledano, de Gran Canaria, vivían en la calle Horno nº1. Con tan sólo 16 años casó con Francisca Orts y tuvieron 6 hijos, pero ella falleció poco después, en 1896. El escritor volvió a casarse 24 años después, en 1920, con Nicolasa Climent Orts, en Santa María de Sants, Barcelona.

De aquel triste accidente y de la posterior convivencia de los dos escritores nació una franca amistad, pues, entre uno, de carácter salvaje e indómito como su Cantábrico, y otro, de mayor sosiego y templanza como nuestro Mediterráneo, llegó a manifestarse un equilibrio de serenidad difícilmente igualable. Por cierto, que nuestro célebre benidormense, además de acompañar a su amigo Inclán a las tertulias, lo acompañaba igualmente a las corridas de toros, pues nunca le faltaban invitaciones al gran crítico taurino, aunque, el sin par Marqués de Bradomín, que aborrecía de aquella salvajada le reprochase vivamente- siempre en medio de la faena -lo llevase a tales manifestaciones de sangre y barbarie, de esta manera, entre los improperios e inflamados reproches, Tomás reía exhalando el humo de un buen habano. En ocasiones Dios nos sonríe.
Obra consultada: “bebelplatzbooks.com: Tomás Orts Ramos- Bebelplatz Books”, “Historia Hispánica: Tomás Orts Ramos- Historia Hispánica”, “Alicante Plaza: Orts Ramos, el novelista que atendió a Valle- Inclán el día que quedó manco.”
Muy bonita historia Rafa. Muy buena investigación. Me quedo con las obras consultadas 😊
Muchas gracias Angela, todo un halago viniendo de ti, compañera 😃😃
Enhorabuena, Rafa. Muy interesante y muy bien hilado.
La investigación/documentación es importante para acercarnos historias , muchas veces desconocidas .
Gracias
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