
Hola blogueros, hoy quiero hablaros de un acontecimiento de relevancia internacional que tuvo lugar en nuestra ciudad, la “Declaración de Benidorm”, un acontecimiento importante para la vida política de Colombia en los años 50, donde se vivían tiempos turbulentos ¿y cuándo no?, un hecho que cambió el destino de aquella nación, de aquel pueblo, siempre con hambre de Libertad. En nuestra ciudad se reunieron dos expresidentes de aquella república bolivariana para firmar un acuerdo de adhesión y lucha contra el General Rojas Pinilla, el dictador de turno que, con un golpe de estado, se había hecho con el poder.
Hace algún tiempo encontré en un rastro un viejo libro donde se recogían artículos políticos de Gabriel García Márquez, uno de mis escritores favoritos en lengua castellana, titulado “Cuando era feliz e indocumentado”, de la colección Rotativa de Plaza & Janés, en uno de los artículos: “El Cardenal; Si Laureano habla, queda excomulgado”, nombraba a Benidorm con estas palabras: “En ese editorial, se recordaba una historia reciente: en su exilio de Benidorm, en España, Gómez acusó al clero colombiano de apoyar a Rojas Pinilla. El clero no protestó. Ahora con el fortalecimiento de su influencia derivado de su participación en el movimiento que derrocó a Rojas, el clero trató de presentar a Laureano como un católico oportunista, de rueda libre, enemigo del clero”. Esas palabras en boca del maestro me sorprendieron y entusiasmaron a la vez, ¡interesante descubrimiento! Fue entonces cuando, dejándome llevar por esa chispa de curiosidad, me puse a tirar del hilo, investigando aquellos acontecimientos y a sus personajes.

En los años 50 Colombia vivía un periodo de represión militar contra “elementos subversivos” de izquierdas, o liberales, como también se les conocía. Aquel año de 1950 Laureano Gómez Castro, el líder de los conservadores, tras retirarse los liberales de la contienda por diferentes desacuerdos, fue elegido presidente de la nación. Era un orador de palabra dura y contumaz, ultracatólico, sus arengas eran incisivas como balas, por lo que le merecieron los apelativos de “El Hombre Tempestad”, “El Basilisco” o “El Monstruo”. Un año después de su nombramiento padeció una crisis cardiaca por lo que se vio obligado a retirarse de la presidencia dejando su cargo al compañero Roberto Urdaneta Arbeláez, aunque, en realidad, aquel continuase manejando los hilos de la nación desde su reposo.

Tras 19 meses de ausencia Gómez retomó el cargo, estaba preocupado, hacía tiempo le llegaban rumores de un posible golpe de estado por parte de los militares, por lo que aquella mañana del 13 de junio de 1953 llegó al Palacio de San Carlos y, con un decreto improvisado, destituyó al encargado de las Fuerzas Armadas, el General Rojas Pinilla y a Roberto Urdaneta por negarse a destituirlo. Sin embargo, su retorno a la presidencia duró pocas horas, pues dicho General Pinilla, muy popular en el ejército colombiano, fue a ver a Urdaneta y le pidió que continuase en el cargo, éste se negó y él mismo tomó el poder por las buenas dando un golpe de estado.

Laureano se exilió viajando primero a Nueva York y después a España, donde se refugió bajo la protección de Franco, con cuyo régimen simpatizaba. Buscando la tranquilidad de un pueblo costero llegó hasta Benidorm donde vivió con su familia en una casa de campo. Desde allí seguía los acontecimientos de cuanto ocurría en Colombia y de como el dictador Pinilla, “el usurpador”, que en un principio había contado con el apoyo de bancos y empresarios, de algunos políticos y militares, e incluso de ciertos sectores del clero, como recordaba García Márquez, poco a poco perdía credibilidad y quedaba finalmente solo y abandonado a su suerte.
El 24 de julio de 1956 el líder de los liberales colombianos, Alberto Lleras Camargo, viajó hasta Benidorm para reunirse con Laureano Gómez e iniciar las conversaciones que les condujesen a un entendimiento y unidad entre conservadores y liberales frente al dictador Pinilla. A aquel acto de conciliación, donde eran fotografiados mientras firmaban dicha adhesión, se le conoció como el “Pacto de Benidorm” o “Declaración de Benidorm”, y fue muy importante para el futuro de Colombia, pues sentó las bases para el acuerdo de unidad de lo que entonces se conoció como “Frente Civil” y que un año después, cuando ratificaron dicho acuerdo en Sitges- “Pacto de Sitges”-, pasó a llamarse “Frente Nacional”. Este acuerdo entre los dos partidos tradicionales duró hasta el año 1974.

Laureano Gómez y su familia regresaron a Colombia el 5 de octubre de 1957, cuando la nación retornaba a la senda de la democracia y volvía a celebrarse un plebiscitó en el cual, al fin, por primera vez en la historia de la nación, pudieron votar las mujeres.
Laureano Gómez Castro falleció a los 76 años el 13 de julio de 1965 victima de una hemorragia interna.

Alberto Lleras Camargo, conocido popularmente como “El Monarca” o “EL Muelón Lleras”, quien fue presidente de Colombia en dos periodos, del 1945 al 1946 y del 1958 al 1962, falleció a los 83 años el 4 de enero de 1990 después de una larga y penosa enfermedad.
Aquel 24 de julio de 1956, una vez más, la historia volvió a encontrarse en Benidorm.
Obras consultadas: “Red Cultural del Banco de la República, extraído de la Gran Enciclopedia de Colombia”, “Señal Memoria”, “EcuRed”, “Museo Nacional de Colombia: Piezas en Diálogo.”, “Presidencia de la República”, “Cuando éramos felices e indocumentados: El Cardenal; Si Laureano habla, queda excomulgado”. Gabriel García Márquez”.
