

Es tu día, ocho, de marzo,
hoy no asoman nubes negras,
ya eres dura, como el cuarzo.
pero tú poco te alegras;
«No quiero ser rosa un día
y luego el resto del año
sufrir el inmenso daño
que me lleva a la agonía.
Dame un trato por igual
ya sea el día que sea,
que mi alma ya jamás vea
mi empapado lacrimal.
Antes Eva, me llamabas,
era manjar de ambrosía,
Diosa de tu fantasía,
el ser al que más amabas.
¿Qué te ha ocurrido, mi Adán?
Ayer éramos felices,
no sé por qué me maldices;
tus gritos miedo me dan.
Yo pregunto, Creador,
¿me hiciste para sufrir?
Este letal sin vivir
ya no puede ser peor.
Cambia la mente de Adán,
porque ya no me someto;
haz que me tenga respeto
y no exija sexo y pan.
La ley no me da igualdad,
conmigo no es solidaria;
visito la funeraria
con creciente asiduidad.
Guerra eterna se divisa,
yo ya no aguanto el maltrato;
yo nunca firmé el contrato
qué dictó, que era…Sumisa».
Del poemario: Y al final, puntos suspensivos.