

Lo mismo que uno no elige a los padres que le dan el ser, tampoco elige el lugar en donde nace. Supongo que si yo hubiese nacido en Alaska estaría orgulloso de ello, quizá me diese golpes de pecho y sería feliz de vivir rodeado por toda esa enorme cantidad de hielo. Seguro. Pero no, nosotros somos de tierra caliente, somos gente abierta y generosa, hijos y herederos de una historia y una cultura que nos hace particulares, diferentes, una cultura con la que debemos convivir y mirar adelante. La historia de España y la de la Hispanidad entera es una historia de heroicidades y arrojo, de ambiciones, de luchas y muerte, de dolor, de superación y entrega, es una historia humana que es de todos y que todos debemos conocer.
“Una tierra seca, estéril y pobre: el 10 por ciento de su suelo no es más que un páramo rocoso; un 35 por ciento, pobre e improductivo; un 45 por ciento, medianamente fértil; sólo el 10 por ciento francamente rico. Una península separada del continente europeo por la barrera montañosa de los Pirineos, aislada y remota. Un país dividido en su interior mismo, partido por una elevada meseta central. Ningún centro natural, ninguna ruta fácil. Dividida, diversa, un complejo de razas, lenguas y civilizaciones distintas: eso era, y es, España.” “La España imperial” John H. Elliott
Hambre
Una boda: era la mañana del 19 de octubre cuando, al fin, después de muchos avatares contraen nupcias Isabel, la heredera de Castilla y Fernando, rey de Sicilia y heredero al trono de Aragón, lo hacen en una residencia privada de Valladolid. Ella tenía 18 años, él uno menos. La princesa, después de mucho batallar con su hermana Juana la Beltraneja por la sucesión al trono y, de ser liberada del castillo de Madrigal por el arzobispo de Toledo que acudió a su rescate con un escuadrón de caballería para conducirla a lugar seguro, pues su hermano Enrique IV quería encarcelarla, acudía a la cita. Él, que, acompañado por un pequeño séquito, disfrazados todos de mercaderes, viajando de noche por tierra hostil, a punto estuvo de matarle de una pedrada un centinela que había en las murallas de Burgo de Osma, acudió a la cita. Cuatro días antes se vieron por primera vez. Aún existía un impedimento para prohibir aquella unión, pues había cierto y antiguo grado de parentesco entre los novios; más todavía llegó a tiempo la bula papal de dispensa- más tarde se comprobó que aquel documento era más falso que Judas, pues fue elaborado en secreto entre el rey de Aragón, el arzobispo de Toledo y el propio Fernando-.El enlace tenía lugar al fin, aunque la pareja era tan pobre que se vio obligada a pedir dinero prestado para los gastos: ellos, dos niños entonces, los que, con el devenir de los tiempos, serán los reyes más poderosos de la tierra. Se unen Castilla y Aragón.
Colón, después de muchos años de andar tras los reyes para conseguir una licencia, así como dinero, para su loco proyecto de buscar una ruta alternativa para llegar a Asia en busca de especias y riquezas, lo consigue finalmente aquel día en Santa Fe, gracias a la influencia de un viejo confesor de la reina y, al buen ánimo de los monarcas que acababan de reconquistar Granada. Les felicitó por su conquista, asegurándoles que con aquellos soldados y con las riquezas que había de traer él de Oriente, podrían sus monarcas conquistar la misma Jerusalén a los musulmanes: los reyes sonrieron ante tamaño dislate, pero bien, ahí estaba la autorización para la expedición, y el dinero- mas no creáis esa leyenda de que la reina, toda entusiasmo, empeñó sus joyas para costear la aventura de colón-, no, éste habría de ponerlo Don Luis de Santángel un rico judío converso valenciano, funcionario y financiero de sus majestades: dos millones de maravedíes, ahí es poco. El sueño y tesón del genovés acabaría transformando la visión que teníamos del mundo.
Conquista y saqueo, lo uno conlleva a lo otro. Había un vasto mundo por conquistar y la noticia de ríos y montañas de oro corría por la península, por lo que se daban de tortas los castellanos por embarcar en esa loca aventura, y los reyes se apresuraron en nombrar gobernadores que pusiesen orden y en conceder a los segundones- los primogénitos no abandonaban sus privilegios- de las grandes familias de Castilla, los títulos de “adelantado”, para que tomasen aquellas tierras en nombre de sus majestades. Todo esto con la cruz por delante.

Allí encontraron culturas avanzadas, pero de costumbres bárbaras, eran politeístas y sacrificaban a personas humanas a sus dioses, con mayor gusto por las doncellas, les abrían el pecho con un cuchillo de piedra para extraerles el corazón, todavía palpitante, como ofrenda a su dios, sólo en Tenochtitlán, donde se asienta hoy la capital de México, se realizaban anualmente más de 20.000 sacrificios humanos. Estaba muy extendido el canibalismo, existían recetas para mejorar el sabor, utilizando maíz o chocolate entre otros ingredientes. Sabroso. Pero nuestros soldados no fueron únicamente a quitarles esos malos vicios y costumbres, fueron a saquear, y a folgar con todas las mujeres que se les ofreciesen, que eran todas, pensad que los conquistadores eran dioses a los ojos de los indígenas, que mujer podía resistirse a tales tentaciones, los mismos maridos las ofrecían con alegría: una curiosa costumbre. Fuimos a hacer fortuna, riqueza, saqueo, llamadlo como queráis. Los segundones, al igual que sus tropas, no tenían medida, eran los desheredados, los desposeídos, los ambiciosos, secuestraban al cacique de un poblado hasta que fuesen colmados de oro, si esto no era así, de nada valían las vidas de aquellos salvajes, ni el poblado, al que incendiaban. Saqueo, incendio, ambición, hambre, hambre de títulos, de riquezas, locura. No había justicia, no había fuerza mayor, sólo los religiosos se les enfrentaron dando el grito de auxilio para esos pobres indígenas, como lo hizo el fraile Bartolomé de las Casas en su libro “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”. No hay nada más peligroso que un segundón desheredado buscando fortuna. Fue como soltar a una manada de lobos hambrientos en medio de un rebaño sin pastores.
Hambre, hambre de títulos y de riquezas, de poder, hambre, mucha hambre.
Así eran nuestros soldados, como aquellos que asolaron Flandes en su lucha contra los herejes, porque los españoles siempre seremos más papistas que el Papa. Recuerdo en un viaje que hicimos a Brujas y Gante que alguien nos comentó que todavía en Bélgica se utiliza esa vieja expresión cuando un niño no come o se porta mal: “niño, comételo todo o viene el duque de Alba”, osea, el coco. Tanto temor engendramos en las luchas de religión. Añadiré que a aquellas tropas las mantenía el Gran Duque de Alba con su dinero, los reyes de España no podían costear tantas guerras, así pues, colmaban al duque de títulos y de tierras.
También, en un viaje que hicimos a Puerto Rico- esa colonia de los Estados Unidos, o “Estado libre asociado” como les gusta a ellos definirla-, un boricua, como a ellos les gusta llamarse, pues tal es su origen, nos dijo que “los gringos todavía se piensan que somos indios y vamos con taparrabo”, me hizo gracia esa expresión. Ellos siguen identificándose con nosotros, con nuestra cultura, todos tienen un familiar en algún lugar de España. De hecho, estos gringos organizaron una vez un referéndum para que el pueblo decidiese que idioma quería que fuese el oficial: el inglés o el español. Ganó nuestra lengua por mayoría. No quieren perder su cultura, su lengua, su historia, la nuestra, la de todos.
Leyes de Burgos 1512, donde se establece por primera vez en Europa y en la historia, una legislación para proteger a los pueblos indígenas, reconociendo la condición de hombre libre de los indígenas, con la prohibición expresa de ser explotados.
No fuimos ángeles, pero tampoco fue todo barbarie en la conquista como quiere vendernos la amarillista prensa anglosajona. Ellos no lo hicieron mejor, deben saberlo, de hecho, propongo una reflexión que nos hará pensar a todos y que dice mucho de estas dos culturas. Mientras en América del sur y Centroamérica convive en paz el indígena en medio de un gran y rico mestizaje, en la América del norte apenas sobreviven pequeños grupos de indígenas encerrados en reservas, una especie de guetos o campos de concentración, para que no les molesten, para que no les estropeen su barbacoa del domingo aquellos que fueron los verdaderos dueños del mundo.
“Cuando Moctezuma le dijo “Señor, estaréis cansado tras subir a este gran templo nuestro”, Cortés le contestó “Ni yo ni los que vienen conmigo nos cansamos en cosa ninguna”.
Una reflexión, bajo mi punto de vista objetiva, dentro de los márgenes que el ser parte condiciona la misma, de acuerdo con todo. Opino que la historia es difícil de juzgarla fuera de su época, lo que para está era es delito, en otras era práctica habitual y justa.
👍👍 estoy contigo Pepe
Buena exposición y muy realista de como funcionó, funciona y funcionará el mundo y sus gentes, aunque las formas hayan cambiado ligeramente.
Nos queda mucho que recorrer aún, para llegar a conseguir ese mundo soñado por Tomas Moro.
Totalmente de acuerdo contigo Santos , gracias 👍👍