
Uno de los senderos más glorificado de España es el Caminito del Rey, en Málaga. Prepararemos nuestra ruta y pasearemos por él, nos pararemos a disfrutar de sus diversos atractivos, y acabaremos nuestro paseo en el pantano de Relleu.
Planificación.
Para el lector audaz, ávido de disfrutar del Caminito del Rey, es importantísima la planificación o su deseo se verá frustrado o por lo menos muy dificultado.
El sendero fue reconstruido por la Diputación Provincial de Málaga y no es de libre acceso. Se halla concedido en explotación a la UTE CAMINITO DEL REY, que es la que se encarga de su mantenimiento. Para conseguir entradas hay dos posibilidades: o bien agencias privadas o bien la página web de la misma UTE (camininodelrey.info/es/entradas). Descartando la primera opción, vemos que hay dos tipos de entrada, la entrada en visita guiada oficial (a 18 euros) y la entrada general (a 10 euros). La entrada general nos va a ser más difícil de conseguir, no obstante, salvo que hayamos planificado la visita con unos cuatro meses de antelación. Mi impresión es que las agencias acopian las entradas generales para hacer sus propios grupos de visita guiada.

La visita guiada es muy recomendable porque, aunque no vamos a tener la misma libertad que en una visita libre, vamos a recibir información interesante, consejos y ayuda en todo momento.
La visita en verano tendrá los problemas de la masificación de usuarios y los rigores del calor del Sur, por lo que puede ser preferible otra época del año más fresca. En cualquier caso, una vez iniciada la ruta no hay forma de comprar bebida ni comida, por lo cual es importante llevar almuerzo y agua.
Otro problema es el del estacionamiento, por lo que es preferible comprar la entrada con aparcamiento. Una línea de autobuses nos trasladará del aparcamiento al punto de inicio y del punto final de vuelta al aparcamiento (5 euros por usuario y día).

Es importante estar al menos una hora antes del inicio de la ruta en el aparcamiento por dos razones: una porque tenemos que subir al autobús para ser trasladados al inicio de la ruta y otra porque tenemos todavía que caminar un kilómetro y medio desde el inicio de la ruta hasta el centro de recepción de visitantes, que es donde comenzará nuestra visita guiada en la hora señalada.
En mi caso, me alojé en Álora, precioso pueblo con un excelente castillo y unas preciosas vistas al valle del Guadalhorce, pero se encuentra más cerca la población de Ardales.
El sendero
Desde donde nos deja el autobús, al lado del Restaurante el Kiosko, hay que caminar de regreso por la carretera 258 metros hasta un largo túnel que se introduce en la roca, a nuestra izquierda. Desde ahí tenemos por delante un claro camino de 1.500 metros a través de un precioso bosque hasta llegar al centro de recepción de visitantes. Aquí nos equipan con un casco, una redecilla higiénica para la cabeza, un aparato receptor de radio y unos auriculares.
Desde ahí se inicia la ruta guiada, que comprende unos 5,3 kilómetros hasta que el guía nos indica la salida y nos retira el aparato receptor. Desde ese punto hasta el autobús nos faltan todavía 2,2 kilómetrosm de camino, si bien podremos parar a descansar en el área de picnic, bien dotada de quioscos de comida y bebida.

La sección guiada de la ruta apenas tiene desnivel, pues la pasarela sigue el canal que mantiene el agua elevada, para obtener un salto de agua que produzca la fuerza necesaria para generar electricidad en la central que encontraremos al final de la ruta. En el último tramo sí hay una rampa un poco dura, teniendo en cuenta que ya llevamos varios kilómetros caminando. En total el recorrido, incluyendo descanso para comer sin prisas en la zona de picnic, nos puede llevar fácilmente cuatro horas y media.
Este humilde paseante hizo la ruta en enero y mi impresión es que en verano la zona de picnic puede estar saturadísima, por los comentarios de los guías.
Caminar por una pasarela
El atractivo mayor del Caminito es que en su mayor parte (más de 3 kilómetros) se circula por pasarela clavada a la pared vertical del cañón sobre el río Guadalhorce. Al comienzo de la ruta veremos una presa de elevación (azud) que eleva el agua hasta la boca de un canal. Como he dicho, este canal, con una inclinación de bajada mínima circula por todo el cañón manteniendo la mayor altitud posible, para que sea mayor la fuerza del salto de agua en su extremo final, donde la altitud supera los 100 metros respecto al cauce del río y embalse donde se encuentra el generador de electricidad.


El Caminito es en realidad un camino de servicio, construido para el mantenimiento y reparación de este canal, que es el que alimenta el generador de la central hidroeléctrica. La pasarela en ocasiones parece precaria y peligrosa, pero es revisada a diaria para que no haya accidentes. Hay un pequeño mirador con el suelo de vidrio para potenciar la sensación de vértigo, donde se hace la foto más deseada. El mismo guía toma la foto con el teléfono móvil de los senderistas.

La visión de alguna cabra montés y de numerosos buitres, algún águila y las escurridizas palomas que anidan en la parte más estrecha del cañón, donde otras aves de mayor tamaño no pueden maniobrar en vuelo, nos mantienen atentos en todo momento, mientras la flora local nos ofrece algarrobos, acebuches, lentiscos, palmitos…
Numerosos fósiles de caracoles marinos, incluyendo un ejemplar de un amonites de buen tamaño atestiguan el pasado geológico de las paredes de piedra cuyas láminas de sedimentación de pronto se nos muestran vertiginosamente verticales, haciéndonos ver que la pared, donde está clavada la pasarela por la que circulamos, era el lecho del mar allá por el Jurásico, y alucinándonos con la evidencia de que ese suelo marino viró 90 grados y subió hasta los 300 metros de altitud por una fuerza que apenas podemos comprender. El enorme, pero insignificante, trabajo del hombre para producir fuerza eléctrica, se convierte entonces en una miniatura.
La Pasarela de Relleu
Frente a los más de 3.000 metros de pasarela del Caminito del Rey y su altitud de 105 metros, la Pasarela de Relleu, de 850 metros (ida y vuelta) con una altitud de 60 metros, palidece, pero las vistas que ofrece y la experiencia senderista bien merecen la pena por los 3,50 euros que vale la entrada.
Sin embargo, lo que tiene este paraje que verdaderamente obliga al curioso lector a acudir es el pantano de Relleu, que ya ha cumplido los 300 años desde su inauguración, cuyo año no se sabe con precisión, pero se calcula sobre 1689. Maravillosa obra de ingeniería, que más parece un castillo y que he visitado en varias ocasiones y he encontrado con más o menos agua, más o menos verde. Sin embargo, nunca, de ninguna manera, podré olvidar la maravillosa visión del pantano en mi visita de 18 de julio de 2020. Tras meses de humana ausencia por la crisis sanitaria, se encontraba totalmente seco y las plantas acuáticas de su cuenca de inundación se habían tornado blancas como el algodón, blancas como el marco de las pupilas que miraba con amor y pasión en aquel indeleble y caluroso día de mi alzamiento personal, blancas como los dientes que se asomaban graciosamente, invitadores, entre los seductores labios entreabiertos de la mujer que no he dejado de amar desde entonces.
