
Pasearemos por el castillo de Benidorm, donde veremos varios cañones, uno de ellos ruso, y nos iremos a pasear por Bailén para conocer más sobre cañones, luego por el Castillo de Santa Bárbara de Alicante, donde encontraremos otro cañón ruso, y pasearemos por Cartagena, donde encontraremos otros.
El día de la felicidad
La Asamblea General de las Naciones Unidas acordó en 2012 por medio de la resolución 66/281 proclamar el 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad, con el objetivo de reconocer la búsqueda de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales en la vida de los seres humanos y enfatizar la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno.
Doscientos años antes, el 19 de marzo, día de San José, se promulgó la Constitución de 1812 en Cádiz. En su artículo 13 leemos: El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen.
En 200 años de constitucionalismo entrecortado, no se ha dado el caso ni de otra Constitución que aspire a tal ni de Gobierno que cumpla con ello.
La Constitución nació asediada por los cañones franceses de Napoleón y la pólvora sigue sonando en tierras valencianas cada 19 de marzo en honor a San José y a la fiesta per se. Cañones parecidos a los que tenemos en la Plaza de Santa Ana en la albacara del Castillo de Benidorm.
Los cañones de Benidorm

n la plaza de Santa Ana vemos un podio circular sobre el que se han colocado en cruz cuatro cañones sobre sus respectivas cureñas. Las cureñas fueron hechas en los años 60, con el desacierto de hacerlas del tipo marinero, no idóneas para una pieza de artillería que tiene que ser trasladada por tierra o disparada desde tierra. Son cureñas con ruedas para el desplazamiento en retroceso al dispararse el cañón. Un cable (braga) las retiene en la cubierta de artillería del barco. Se cargan de nuevo por la boca y se empujan a su posición de disparo, sacando la boca por la tronera abierta en el casco.
Aparte del invento de las cureñas, vemos que de los cuatro cañones, uno tiene un emblema limado, del que sólo se ha respetado la corona superior. Podría ser un emblema extranjero suprimido al ser capturado el cañón y redestinado al servicio. Otro cañón muestra el emblema de Rusia, un águila bicéfala.
Es difícil saber cuál es el origen concretamente de dichas piezas, pero se da por hecho que dichos cañones sirvieron para la defensa del Castillo de Benidorm, cuando todavía servía como defensa costera. Yo no lo tengo tan claro.
Veamos, Pedro María Orts Berdín da cuenta de que el castillo tenía antes de la ocupación francesa siete cañones de a 18, 24 y 36. Los cañones se clasifican por el peso de su munición (concretamente por el peso de una bala metálica maciza) en libras.
En el museo de Bailén nos ilustran al respecto sobre la munición.

En 1812 los franceses conquistan el Castillo de Benidorm, toman posesión del mismo y lo dotan con más cañones y también dotan de baterías de cañones la playa de poniente.
Sin embargo, los franceses abandonan el castillo ante el acoso de las tropas españolas, mandadas por el General Wittingham en algún momento indeterminado de 1813 (o 1814). Pero, en esta retirada, desmontan los cañones y se los llevan, salvo dos que fueron abandonados.
Con estos dos cañones y otro más que se rescató del lecho de arena, en la punta del castillo, se rehízo la defensa del castillo, sólo para ser destruida por los ingleses en 1830, en un ataque en que incumplieron su tratado de alianza con España. Los ingleses destruyeron las murallas, arrojaron los cañones al mar y dañaron incluso las puertas de la iglesia.
El castillo pasa a albergar un cuartel de carabineros, que no eran precisamente artilleros.
En 1953 sólo queda un cañón que, según escribe el historiador Juan Mateo Box, “tal vez por olvido se dejó a la entrada de lo que fue plaza de armas”.

Sin embargo en los años 60 tenemos fotografías con ocho cañones colocados en orden para revista sobre unos soportes, al parecer de madera, en perfecto estado de revista en el patio del castillo. La prensa local se hace eco de que esos cañones sirvieron para defender el castillo y de la presencia de un cañón ruso. La prensa de la época afirma que se les ha dado una capa de protección contra la corrosión y que se están realizando unas cureñas. He oído rumores de que se encontraron todo el tiempo almacenados en el cementerio. He oído elucubraciones poco plausibles sobre que el cañón ruso fue capturado por un corsario de Benidorm a los franceses, que lo capturaron a su vez a los rusos. El avisado lector disculpará mi escepticismo. En aquella época se produjeron muchos bulos y mitos que servían a fin de cuentas para promocionar la imagen de Benidorm y todavía hoy somos propensos a sobredimensionar la importancia que tenemos con posibilidades poco creíbles
Cañones rusos en Alicante y Cartagena
Si nos vamos a Alicante, a la fortaleza de Santa Bárbara, encontraremos un cañón idéntico en el Baluarte de Santa Ana, apuntando a la costa al este del castillo. Ya tenemos dos cañones rusos, por casualidad ambos en ubicaciones con el nombre de la patrona de Benidorm.

Y, si nos vamos a Cartagena, en el paseo frente al Museo Naval encontraremos unos cuantos más, y uno de ellos con una placa indicativa, que expresa: “cañón naval de a 24 libras // Ruso 1812 // Procedente de la escuadra de 5 navíos comprados por el rey Fernando VII al Zar Alejandro I en 1818. Escudo imperial águila bicéfala. // MNC – 1655”.

Fernando VII el Deseado, también conocido como el Rey Felón, en este caso protagoniza uno de los escándalos más silenciados del S. XIX, pues, sin contar con su ministro de Marina, procedió a comprar al zar esta flota, que apenas si pudo llegar a España. Barcos podridos de los que, tras un nulo o breve servicio, sólo se pudieron salvar los cañones. Los navíos se habían construido con pino para navegar en las tranquilas aguas del Mar Báltico y no eran adecuados para las necesidades de la Armada Española. Cuando el Ministro de Marina don José Vázquez de Figueroa descubrió el desastroso negocio y se quejó de no se hubiera consultado a su Ministerio, fue desterrado, si bien al final la verdad se impuso y el Rey tuvo que recular.
Cañón repisa
Personalmente, creo que el cañón ruso y los demás que se exponen en el castillo de Benidorm, fueron traídos al Castillo de Benidorm (como otros fueron llevados al Castillo de Santa Bárbara de Alicante), entre 1953 y 1961, para embellecimiento de lugares para su promoción turística, procedentes de los fondos del arsenal de Cartagena y su Museo Naval. Seguramente está todo anotado en los registros de uno u otro.
Esto no les resta valor, tratándose de piezas auténticas del S. XIX, y en particular al cañón ruso con su escandalosa historia.

El que sí sirvió en el castillo fue el cañón reventado que todavía descansa en una repisa a levante del Canfali y algún otro que se encuentra sumergido.
Moraleja
Tal como se está calentado el ambiente belicista internacional, con lo que amamos aquí la pólvora, propongo que el gobierno, para procurar la felicidad de la nación, nos provea a cada uno de un cañón de a 24, varias balas y un barril de pólvora.