Día Mundial del SIDA
El principios de diciembre de 2025: el lunes negro. ¡Querido Pedro que estás en los cielos! Esta noche no puedo enviarte esos mensajes dulces y alegres que acostumbro a enviarte cada noche, por muy negras que vea las nubes en el horizonte, me dijiste que cuando marcharas no querias caras tristes ni pensamientos que ensombrecieran la luz del sol y, aunque estos días estoy especialmente desmotivada, cabreada y desconcertada, mi alma siente esa energía y vitalidad de la que hiciste gala durante toda la vida: ¡Ese rayo de esperanza que siempre ha sacado lo mejor que hay en mí!.
Los recortes de la administración de Donald Trump amenazan la vida de millones de personas y todo los avances conseguidos en la lucha contra el VIH en están en jake mate. Más de 40 años combatiendo una enfermedad que quebró la vida de millones de personas en todo el mundo, estigmatizó al enfermo, se cebó especialmente con el colectivo gay y las personas enganchadas a la heroina, sentenciados a muerte desde el momento en el que había diagnóstico médico. Sentenciados a muerte como tú luchaste como un javato para que las administraciones se implicaran y destinaran fondos públicos para la investigación del VIH, con el objetico de mejorar la calidad vida de los enfermos de Sida, organizaste galas, conciertos solidarios, charlas informativas que visualizaran el virus y desmontaran la sombra tras la que se ocultaba el estigma. No fuiste el único, hubo más voces que se alzaron contra el Sida en todo el mundo. Te convertiste en un referente, en un ejemplo a seguir. ¡Eso sí, una vez muerto! Fue a principios de los 80.
Nada de toda esa historia, de esas historias reproducida en millones de personas le importan a un empoderado Trump que hace caso omiso a las advertencias que organismos como la ONU, ONUSISA, OMS, etcétera le han hecho llegar para que sea consciente que los recortes impulsados por su gobierno en programas de prevención e investigación del VIH deja en el aire la vida de millones de personas, sobre todo en países subdesarrollados.

Desde hace más de tres décadas, el calendario global marca una fecha ineludible para la salud pública y la solidaridad humana. El 1 de diciembre se ha consolidado como el momento en que naciones, organizaciones y ciudadanos detienen su marcha cotidiana para observar el Día Mundial del Sida. Esta jornada representa mucho más que una efeméride sanitaria; constituye un movimiento de unión global para respaldar a quienes conviven con el VIH y para honrar la memoria de aquellas personas que han perdido la vida a causa de enfermedades relacionadas con el sida.
Cada Día Mundial del Sida gira en torno a un tema diferente. En 2025 el lema ha sido «Superar las disrupciones, transformar la respuesta al sida».

En 2025 “Superar las disrupciones, transformar la respuesta al sida” la ONU ha querido llamar la atención sobre el impacto que los recortes de financiación de los donantes internacionales han tenido en la respuesta al Sida, así como mostrar la resiliencia de los países y las comunidades más afectadas por la enfermedad que están redoblando esfuerzos para proteger los logros alcanzados e impulsar la respuesta
de los servicios de prevención.

En el mensaje de este año el Secretario General de la ONU, António Gutierres, ha advertido de la seria amenenaza que supone”la reducción de los recursos y servicios en la lucha contra el VIH y el peligro que éstos suponen para millones de vidas”.
Este año, el Día Mundial del Sida nos recuerda que podemos transformar vidas y futuros y acabar con la epidemia del sida de una vez por todas. Los progresos que hemos realizado son innegables. Desde 2010, las nuevas infecciones por el VIH disminuyeron un 40 %.
Las muertes relacionadas con el sida han disminuido en más de la mitad. Y el acceso al tratamiento es mejor que nunca.
Pero la crisis continúa para millones de personas en todo el mundo al carecer de los servicios de prevención y tratamiento del VIH debido a quiénes son, dónde viven o al estigma que sufren.
Al mismo tiempo, la reducción de los recursos y los servicios está poniendo en peligro vidas y amenazando los logros conseguidos con tanto esfuerzo. Acabar con el sida significa empoderar a las comunidades, invertir en prevención y ampliar el acceso al tratamiento para todas las personas. Significa unir la innovación con la acción y garantizar que los tratamientos más novedosos, como las inyecciones, lleguen a más gente que los necesitan. Cada paso de nuestro trabajo en pro de los derechos humanos garantiza que nadie se quede atrás. Acabar con el sida como amenaza para la salud pública para 2030 está a nuestro alcance.*
Una revolución desigual
Dos cambios revolucionarios que salvaron a millones de personas
Entonces, ¿qué cambió alrededor de 2002-2003 para que el tratamiento contra el VIH estuviera disponible para decenas de millones de personas? Dos iniciativas importantes transformaron la respuesta mundial:
El Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, y
el PEPFAR, el Plan de Emergencia del Presidente de los Estados Unidos para el Alivio del Sida
Estos enormes esfuerzos coordinados aportaron recursos sin precedentes, y siguen haciéndolo. A principios de la década de 2020, aportaban conjuntamente alrededor de 10.000 millones de dólares anuales, mientras que la financiación para la investigación del VIH seguía aumentando, lo que condujo a importantes avances en la prevención, el diagnóstico y el tratamiento clínico.

Sin embargo, esta revolución fue desigual y un privilegio sólo al alcance de los países ricos. Se tardó casi una década en llevar este tratamiento que salva vidas a los países de bajos ingresos, especialmente los del África subsahariana. Mientras las personas en los países más ricos recuperaban sus vidas, alrededor de 30 millones de personas en todo el mundo vivían con el VIH, la mayoría sin tratamiento, y cada año se infectaban 3,8 millones más. En países como Sudáfrica, Mozambique y Zambia, el VIH seguía siendo una sentencia de muerte.
El misterioso virus VIH
Cuando se celebró el primer Día Internacional del Sida en 1988, empezábamos a aprender más sobre un virus misterioso: el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). En aquel momento, nadie sabía mucho sobre este virus sigiloso.
Tres años más tarde, la muerte de Freddie Mercury llevó la atención mundial hacia una epidemia que ya se había cobrado millones de vidas. La mayoría había muerto en el anonimato, dejando atrás vidas rotas y seres queridos afligidos. Ninguno de ellos vivió para ver el gran avance de 1996: la terapia antirretroviral triple (que combina tres fármacos en un solo tratamiento). Para quienes vivían con el VIH, este momento fue tan trascendental como la llegada del hombre a la Luna: el VIH dejó de ser una sentencia de muerte automática y se convirtió en una enfermedad crónica y manejable.
Defensa de los derechos humanos
Los países deben realizar cambios radicales en la programación y financiación del VIH. La respuesta mundial al VIH no puede depender únicamente de los recursos nacionales. La comunidad debe unirse para salvar la brecha financiera, apoyar a los países para cerrar las brechas restantes en los servicios de prevención y tratamiento del VIH, eliminar las barreras legales y sociales, y empoderar a las comunidades para que lideren el camino.

Los servicios comunitarios, vitales para llegar a las poblaciones marginadas, están siendo relegados, mientras que el aumento de leyes punitivas que penalizan las relaciones entre personas del mismo sexo, la identidad de género y el uso de drogas está amplificando la crisis, haciendo que los servicios de VIH sean inaccesibles.
La respuesta mundial al sida se ha visto sacudida en los últimos meses, pero aún queda mucho por hacer para alcanzar el compromiso de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de acabar con el sida para 2030. El sida no ha desaparecido y, dada la situación actual, se necesita un nuevo enfoque transformador para mitigar los riesgos y ayudarnos a alcanzar nuestros objetivos.
Trump y 2025: un peligroso paso atrás
Luego llegó 2025. La administración estadounidense de Donald Trump desmanteló mecanismos clave de ayuda internacional, recortó la mayor parte de los fondos destinados a la investigación del VIH y redujo drásticamente la financiación del PEPFAR y del Fondo Mundial.
Apenas unos meses después de los recortes, los efectos ya son visibles: despido de trabajadores sanitarios, cierre de clínicas y personas sin acceso al tratamiento. Un estudio de modelización reciente advirtió de que una reducción del 24 % en la financiación podría suponer 3 millones de muertes adicionales relacionadas con el sida y entre 4 y 11 millones de nuevas infecciones por el VIH para 2030.
No podemos detenernos cuando estamos cerca de la meta. En todo el mundo, los sistemas de salud están avanzando hacia la atención integrada, en los que el VIH se gestiona junto con enfermedades crónicas o infecciosas y a menudo son los servicios de atención primaria los que realizan el seguimiento y evolución del paciente. Estos modelos han demostrado ser sostenibles, rentables, centrados en la comunidad e inclusivos.
Acabar con el Sida para 2030 sigue siendo posible, pero solo si elegimos terminar lo que empezamos. Garantizar un tratamiento antirretroviral ininterrumpido es esencial para salvar vidas y mantener el VIH bajo control.
También debemos abordar el estigma y la discriminación, ya que siguen siendo obstáculos importantes para muchas personas. Para llegar a los más necesitados será necesaria la colaboración entre gobiernos, donantes internacionales, investigadores, la industria farmacéutica y las comunidades afectadas.
*Web oficial de António Gutierres Secr. Gral. ONU
**Más información del Día Mundial del Sida 2025 en la web oficial de ONUSIDA, Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida.P